05Abr
2018
Escrito a las 7:23 pm

Artículo publicado en La Nueva España el 5 de abril de 2018

El nuevo paradigma tecnológico ofrece prometedoras oportunidades para Asturias. Después de más de un siglo de concentración de la población en las zonas urbanas tras el impulso de la revolución industrial, primero, y la de servicios, después, la actual revolución digital va a suponer una profunda revisión de las tendencias demográficas. Asturias afronta esta nueva era en un posición positiva, pero pendiente de toma de decisiones claves en este entorno global.

Por una parte, la región debe articular ya el área metropolitana. El pasado lunes me reunía en mi Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales con el profesor Fernando Rubiera, coordinador del Laboratorio de Análisis Regional Económica Regional (REGIOlab). Me decía Rubiera que por debajo de los 500.000 habitantes, las zonas urbanas no desarrollaban las potencialidades necesarias para disparar las economías de escala y de aglomeración que introducen a las ciudades en círculos virtuosos de crecimiento, pero por encima de esa cifra comenzaban a aparecer desconomías vinculadas a la congestión, como el tráfico, la contaminación o los costes logísticos. De este modo, la zona central de Asturias se encuentra a en una posición envidiable en la medida que una buena organización del área metropolitana podría aprovechar las oportunidades de ese entorno con 800.000 personas, pero organizadas en distintos centros urbanos que evitaran los efectos negativos de esa concentración.

Por otra parte, las conocidas como “alas” de la región están a las puertas de un cambio de paradigma, si somos capaces de aguantar los últimos coletazos del siglo XX. El desarrollo de internet y de la economía digital van a reducir los incentivos a la aglomeración y a valorizar la calidad de vida de las zonas rurales. La deslocalización del trabajo puede liberarnos de las cadenas de la concentración urbana, ampliando así las oportunidades para fijar la residencia en una u otra zona. Además, el desarrollo de los servicios telemáticos va a permitir revolucionar la provisión de la educación y la sanidad. Quizá a algún lector pueda considerar esa reflexión como ciencia ficción pero en pocas décadas vamos a vivir una autentica revolución que va a pasar por encima de la institucionalidad conformada en el siglo pasado.

De estos temas, los socialistas discutíamos hace unas semanas en unas jornadas sobre los retos demográficos y económicos del mundo rural, y el pasado martes participaba en una sesión de la Red Asturiana de Desarrollo Rural, presidida por el alcalde de Somiedo, Mino Fernández, y auspiciada en Cangas del Narcea por José Victor Rodriguez.

Este nuevo entorno económico-tecnológico-social puede impactarnos de distintas maneras. Podemos dejar a las fuerzas del mercado terminar de desorganizar nuestro territorio, sin la revisión de la provisión de servicios públicos en el mundo rural que mantendría, a pesar de las nuevas oportunidades, las tendencias a la concentración urbana en la zona central, una área que cada día sería más caótica en ausencia de un marco institucional adecuado. O bien, podemos articular eficientemente esa área metropolitana policéntrica, engarzada con una red de villas y nucleón rurales en todo el territorio, con una oferta de servicios competitiva que amplíe la libertad de residencia de los ciudadanos, con una Asturias integrada, toda ella, en el mundo.

La próxima década será esencial para adelantar hacia dónde se conducirá nuestra región. Y puedo ser optimista cuando me encuentro en los aeropuertos a personas como Carlos Manuel Fernández, alcalde de Yernes y Tameza, e ingeniero en una multinacional alemana instalada en Llanera, repartiendo su tiempo entre las debates empresariales, el desarrollo del mercado interior europeo, y la modernización y actualización de un pequeño, muy pequeño, municipio rural.

Hay futuro … y hay que buscarlo.

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