10Dic
2015
Escrito a las 9:02 am

Artículo publicado el 10 de diciembre de 2015 en mi sección quincenal “Tarjeta azul” en La Nueva España

Las próximas elecciones generales no sólo determinarán la evolución de la política nacional, sino que además tendrá un efecto directo sobre el devenir de Europa. Como he comentado en columnas previas, a diferencia de la legislatura europea pasada en la que el Partido Popular mantuvo un liderazgo claro tanto en el Parlamento como en el Consejo Europeo, bajo el directorio Merkozy, en la actualidad las fuerzas están más repartidas.

En el Parlamento Europeo apenas hay una diferencia de tres puntos porcentuales en el reparto de escaños entre el grupo popular y el grupo socialista. Además, la configuración del Consejo Europeo, el órgano que marca las líneas políticas de la Unión, también está más igualada, y el reciente gobierno socialista de Portugal equilibra aún más la distribución del poder.

En estos momentos, dejando a un lado a España, los líderes conservadores, aunando el PP y los liberales o independientes con gobiernos de centro-derecha, ostentan once de los veintiocho puestos del Consejo Europeo. Los líderes socialistas o liberales con gobiernos de centro-izquierda también ocupan once sillas. Además, hay dos países con presidentes o primeros ministros liberales con gobiernos de gran coalición. Por último, Reino Unido y Polonia ocupan dos puestos para la derecha euroescéptica, cuyo partido hermano en Grecia comparte gobierno con el único primer ministro de Izquierda Unida. Así pues, el reparto de poder entre las familias políticas de las capitales de los Estados miembros está también más igualado que en la legislatura previa, aunque sigue más inclinado hacia la derecha.

En todo caso, este mayor equilibrio en el Consejo Europeo y en el Parlamento ha permitido sacar adelante el Plan Juncker, la revisión de Pacto de Estabilidad y Crecimiento o la puesta en marcha de una agenda tributaria ambiciosa a la espera de una propuesta legislativa para la creación de una base consolidada y común del impuesto de sociedades. Además, encima de la mesa ya hay un reglamento para la creación de un seguro europeo de depósitos, que el ministro de finanzas alemán, el conservador Schäuble, ha recibido con una dura oposición. De este modo, Europa se está moviendo gracias al mayor peso de las fuerzas progresistas pero esta reorientación es más débil de lo necesaria.

Y con este debate de fondo, España afronta las elecciones generales olvidando, parece, que el noventa por ciento de la legislación en materia económica emana de Bruselas y que, por lo tanto, más allá de los que prometamos hacer en casa, resulta aún más importante cómo vamos a jugar nuestras cartas en Europa. Por ello, debemos situar en el Consejo Europeo a un líder que pueda entretejer alianzas, sin los aventurismos de Syriza, y que además ayude a acelerar esa revisión de la política económica, que tiene enfrente a los partidos conservadores. Por consiguiente, mi voto será para Pedro Sánchez porque sólo el PSOE puede ayudar a consolidar ese cambio en la dirección económica de Europa.

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