26Jul
2018
Escrito a las 12:00 am

Artículo publicado en La Nueva España el 26 de julio de 2018 

A finales de 1982, poco después de la victoria socialista de octubre de ese mismo año, se publicaba “Asturias, realidad y proyecto” del por entonces diputado en Cortes y Secretario General del Grupo Parlamentario Socialista, Pedro de Silva. El libro, que acabó inspirando la agenda política de la región durante la primera década de Autonomía presidida por el propio autor, continúa ofreciendo un marco conceptual útil para entender nuestra región y apunta hacia el horizonte de una Asturias renovada, social y territorialmente cohesionada, e integrada en el mundo, especialmente en el marco europeo.

La publicación combina un análisis pormenorizado de la economía asturiana, propio de una tesis del departamento de economía de aplicada de nuestra Universidad de Oviedo, con una agenda de políticas concretas, pragmáticas, sustentadas financieramente, y a la vez ofrece ese hilo de esperanza, de confianza en la Política como herramienta de cambio. Sorprende, en todo caso, el peso del análisis económico en una publicación de un jurista, con inclinación poética y literaria, político en ejercicio en aquel entonces. Sin duda, la herencia del pensamiento marxista, más en el plano político que económico, le condujo a hacer pivotar su reflexión sobre la superestructura de la región, en un entorno además marcado por los efectos de las crisis del petróleo de los setenta que vendrían a poner en cuestión el modelo de crecimiento de Asturias. El libro conjuga, pues, tres elementos básicos a lo largo de cada capítulo: el diagnóstico, la propuesta y la promesa; y su lectura o re-lectura continúa siendo condición necesaria.

En todo caso, inicio esta columna con la referencia a este libro porque quería detenerme en el análisis sobre la “Nueva Economía Ligera”, que de Silva introduce como complemento a la estrategia respecto a las principales empresas públicas del momento, Ensidesa y Hunosa, a las que califica como “catedrales”. El autor apunta que la economía asturiana debiera ir transformándose desde el monocultivo de los activos de la primera industrialización (carbón y acero) hacia un modelo diversificado, con empresas más pequeñas, centradas en otros sectores, que sin representar individualmente un volumen de empleo parecido a las “catedrales”, conjuntamente puedan ir ofreciendo otro escenario alternativo para la región. Para ello propone la creación de nuevas instituciones centradas en incentivar, apoyar y complementar la innovación empresarial, sin sustituir, ni condicionar la destrucción creativa schumpeteriana en la que se asiente la economía de mercado.

Hace algunos meses, acompañaba a un grupo de empresas de la región a la feria de Hannover, la principal referencia mundial del sector industrial. Quise respaldar así los esfuerzos de varias empresas sitas en Asturias, multinacionales o locales, apoyadas directamente por el IDEPA, institución creada por el gobierno socialista de Pedro de Silva en los ochenta. Y hace unas pocas semanas, el propio IDEPA reconocía con sus premios anuales el desarrollo de NormaGrup Technology, Metrohm Dropsens y Adaro Tecnología, tres compañías con espíritu innovador, vocación internacional y capacidad de crecimiento. Ciertamente, en las últimas décadas y aún con el peso de la pasada crisis, Asturias ha experimentado una remodelación de su estructura productiva muy notable, que ofrece perspectivas esperanzadoras.

La primera industrialización introdujo a Asturias en una especie de “enfermedad holandesa” en términos económicos, mezclada por una “maldición de los recursos naturales” en la arena política. Ambas realidades dificultaron la entrada de Asturias en la segunda y en la tercera revolución, y aún a pesar de todos los problemas, de la crisis estructural del último cuarto de siglo y la coyuntural derivada del shock financiero, nuestra región, mal que bien, transita ya por la cuarta con el apoyo de las instituciones ideadas en esos primeros años de Autonomía y la emersión de nuevas generaciones de asturianos con otro horizontes vitales. Este impulso de la “Nueva Economía Ligera” debe complementarse con nuestro sector energético e industrial más tradicional, buscando sinergias endógenas, que retroalimenten el crecimiento. Por ello es importante abordar los retos climáticos con seriedad y con tiento.

De Silva anunciaba una posible “medievalización” de Asturias, si la región no se era capaz de rentabilizar las potencialidades de la Autonomía, una frase que el editor llevo a la contraportada del libro. Hemos estado al borde de tal involución, quizá en algunos momentos pasamos esa raya, pero también es verdad que estamos en condiciones para aprovechar esta nueva ola de crecimiento global, atenazada todavía por los proteccionismos y nacionalismos.

Tras el verano, iniciamos un nuevo curso académico con las elecciones autonómicas en el horizonte, periodo que deberíamos aprovechar para plantear las lineas maestras para otra década. Aún hay lecciones en aquel “Asturias, realidad y proyecto” de 1982 que introdujo a Asturias en la modernidad.

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