30Oct
2015
Escrito a las 6:41 pm

Artículo publicado el 30 de octubre de 2015 en mi sección quincenal de la La Nueva España “Tarjeta azul”

En mis primeros días de trabajo en el Parlamento Europeo, los viejos del lugar me recomendaron centrarme en asuntos legislativos, ya fuesen reglamentos o directivas. Así lo hice y fui designado ponente de mi grupo para la tramitación de un reglamento dirigido a regular los métodos de elaboración de índices financieros. Aunque a razón del título pudiera parecer éste un asunto aburrido, si el lector piensa en el índice al que están referenciadas la mayoría de hipotecas, el euribor, en el IBEX-35 o en el índice del precio petróleo, quizá, pueda reconsiderar su opinión inicial.

La iniciativa había sido tomada por el comisario Barnier en la legislatura pasada, a raíz de las manipulaciones de algunas entidades financieras del euribor o del libor (su índice homólogo británico), y había quedado pendiente de la legislatura anterior.

Desde finales del pasado año, me ha tocado negociar primero en el comité de asuntos económicos y después ante el pleno la tramitación de este reglamento. La experiencia acumulada es mucha, pues el proceso no es sencillo. Primero, cada ponente debe cristalizar una posición en su grupo político, teniendo en cuenta que como hay libertad de voto, en cualquier momento, un diputado puede salirse de la línea marcada en la negociación. A la vez, hay que negociar con el resto de ponentes, sabiendo también que sus diputados pueden igualmente romper la disciplina y uno puede jugar con esto a su favor. En todo caso, al final debe haber una mayoría en el comité y en el pleno que apoye una propuesta de reglamento, teniendo en cuenta que en la cámara no existen mayorías claras ni a derecha ni a izquierda.

Paralelamente, el Consejo hace lo propio. Los gobiernos de los Estados miembros revisan también la propuesta de la Comisión y en un debate protagonizado por los ministros del ramo y sus consejeros permanentes en Bruselas deben acordar su propio texto. Su aprobación requiere de mayoría simple y los votos se ponderan por la población de los Estados miembros.

Tras superar ese trámite, Parlamento y Consejo negociamos para alcanzar un acuerdo transaccional que habrá de ser nuevamente revalidado por ambas cámaras. Ese proceso, que cuenta con el apoyo técnico de la Comisión, se denomina trílogo.

Pues bien, desde junio venimos negociando ese acuerdo final, donde al juego entre los grupos parlamentarios se suma ahora los gobiernos de los Estados miembros en una negociación a múltiples bandas (grupos y países). Es un trabajo apasionante aunque pudiera parecer tedioso y largo, si bien todo el trámite legislativo de este reglamento, confiando en alcanzar un acuerdo antes de final de año, habrá durado poco más de un año.

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