01Feb
2018
Escrito a las 5:49 pm

Artículo publicado en La Nueva España el 1 de febrero de 2018

El 4 de marzo se celebrarán elecciones generales en Italia. Bajo un clima de gran preocupación nacional, estos comicios se plantean por vez primera desde 1948 en clave europea. Mientras en 1948 las elecciones giraron en torno a la entrada de Italia en Europa, en esta ocasión, en el país trasalpino chocan los planteamientos de los principales partidos políticos en su aproximación a Europa como elemento diferenciador.

Las encuestas apuntan a un escenario muy dividido, aunque con un incremento en todo caso de la derecha. En ese campo, Silvio Berlusconi sigue liderando el principal partido conservador, Forza Italia, organización que se presenta en coalición con otras formaciones de la derecha. Berlusconi continúa inhabilitado para ocupar un cargo público, de modo que no se sabe fehacientemente quién podría ser su Primer Ministro en caso de victoria, aunque se especula con la opción de Tajani, aunque ese candidato no gusta mucho a sus compañeros de viaje. Exactamente, en ese vagón también viaja Matteo Salvini, el líder de la Liga, que ha eliminado “Norte” de su nombre para dirigirse a todo el país aunque con el mismo discurso racista y antieuropeo de siempre.

En el flanco populista, con un discurso de la izquierda radical contra el euro y una propuesta anti-inmigración de la extrema derecha, el Movimiento 5 Stelle sostiene una intención de voto muy importante. Además, este “movimiento” ha venido insistiendo en la creación de algún sistema para permitir a los Estados salir del euro a través de plebiscitos, una propuesta, por otra parte, defendida también por Podemos de manera reiterada en el Parlamento Europeo. El simple diseño de un sistema como este supondría volver a la crisis de deuda pública de 2010-12 ante las expectativas, altas o bajas, de que tal escenario pudiera realizarse algún día. De algún modo, el referendum que planteo Tsipras en Grecia en 2014 pudo interpretarse como algo parecido y aún a pesar de la victoria de Syriza tardaron poco en olvidarse de la consulta y pactar un nuevo rescate, sustancialmente peor del que estaban negociando previamente.

Ante esta situación, el Partido Democrático (PD) de Renzi se ha empeñado en presentar una candidatura que sea reconocida como una apuesta por una Italia claramente identificada con el proyecto europeo. Hasta tal punto, que ha solicitado a nuestro jefe de filas en el Parlamento Europeo, Gianni Pittella, tomar parte de la lista al Senado para poder obtener un buen resultado en su provincia de origen. En la misma línea, varios compañeros del PD también irán en listas con el mismo objetivo que no es otro que trasladar a la campaña italiana la necesidad de que el futuro de Italia está claramente en línea con el futuro de Europa.

Aparte de la valía personal y política de los compañeros que concurrirán a las elecciones italianas, subyace en estas decisiones una estrategia política focalizada en la necesidad de impregnar las políticas nacionales de planteamientos de largo alcance, que superen las miopías de muchos debates en el seno de los Estados. Esta apuesta europeísta la hemos visto también en Alemania, Francia, Rumania o Croacia en los últimos años. Sin duda, el debate europeo se ha convertido ya en un campo de batalla ideológica y política de primer orden.

En fin, queda poco más de un mes hasta esas elecciones donde Italia no sólo se juega la gestión de su política interna en los próximos años, sino también su papel y su relevancia para el futuro de la Unión. ¡Suerte al Partido Democrático!

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