23Nov
2017
Escrito a las 9:14 am

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 23 de noviembre de 2017

El pasado fin de semana se celebró en Gotemburgo una cumbre sobre la Europa Social, auspiciada por el gobierno socialdemócrata sueco, con la presencia de los presidentes de la Comisión, Parlamento y Consejo, así como los Jefes de Estado o de gobierno de los países de la Unión. La reunión pretendía elevar la prioridad política de la construcción de un pilar social, después de sufrir una pasada legislatura centrados en las políticas de austeridad. La cita concluyó con una declaración de principios, pero sin anuncios de iniciativas legislativas concretas, para lo cual se necesita, por otra parte, otras mayorías políticas en la Unión, y tendremos que esperar hasta las próximas elecciones europeas, donde confiemos, los ciudadanos decidan apoyar con más fuerza las candidaturas socialistas.

Esta legislatura se inició con el compromiso de Juncker, en su sesión de investidura, de impulsar una Unión con una “triple A social”, usando la terminología de las agencias de ratings que definen con esa expresión la deuda pública con mayor credibilidad y calidad en los mercados. Una comparación, en mi opinión, equivocada porque la política social no debe ser evaluada con criterios de mercado. En todo caso, aceptando o no esa analogía, el impulso de la Comisión Juncker en esta materia ha brillado por su ausencia.

Hasta el momento, la Comisión ha enviado a los colegisladores, Parlamento y Consejo, una propuesta de directiva sobre el equilibrio de la vida personal y laboral, ampliando los permisos paternales y maternales y una revisión de una directiva previa que mejora la información y la transparencia en las condiciones de trabajo, y ha incluido en el marco del Semestre Europeo una tabla adicional de indicadores sociales. Además, la Comisión publicó la pasada primavera un libro blanco sobre el futuro de la Unión Social, donde presenta varios escenarios por los que transitar. Es decir, apenas nada. Ciertamente, no hay mayorías políticas suficientes para impulsar esa agenda social.

Para lo que si pudiera haber una mayoría política, y de ello depende en buena medida la conformación del nuevo gobierno en Alemania, es para concluir la Unión Bancaria, y dar los primeros pasos en la Unión Fiscal. Para ello, debemos ampliar las actividades del MEDE, el fondo europeo que se ha usado para financiar los rescates a los países con problemas como el España, e incorporarlo en el acervo comunitario con plena rendición de cuentas ante el Parlamento Europeo. También se está discutiendo sobre la creación de un presupuesto para la zona euro, que pudiera servir de instrumento para aplicar políticas anti-cíclicas, junto a la creación de seguros comunes, como el de desempleado, que tuviera también esa misma finalidad. Para avanzar en estas materias, los socialistas tenemos el apoyo de la Francia de Macron y, con ello, parte de los liberales y también de un sector de los conservadores, aunque cualquier resultado no será tan ambicioso en estas circunstancias.

En fin, veremos qué da de sí esta legislatura aún. Quiero ser optimista con esa reforma de la zona euro, que evite crisis similares como la sufrida en la pasada década, aunque soy más pesimista con el Pilar Social, que parece tendrá que esperar a la próxima legislatura, dependiendo de los comicios de 2019.

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