De Castropol a Bruselas, pasando por Londres

El pasado lunes, celebrábamos en Castropol el X aniversario del Foro Comunicación y Escuela, capitaneado desde su inicio por el profesor Luis Felipe Fernández, que ya había revolucionado Ibias previamente, en esa batalla en defensa del mundo rural y de la igualdad de oportunidades de todos los alumnos, con independencia de su lugar de residencia. El acto se producía unos días después del reconocimiento a Luis Felipe por su esfuerzo permanente en pos de la educación pública con la distinción de la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X El Sabio. Ciertamente, estas iniciativas vinculadas a la educación de los más jóvenes, pero también al conjunto de la comunidad resultan esenciales y nos recuerda el compromiso necesario con todos los territorios y con toda la ciudadanía. Enhorabuena desde aquí a Luis Felipe y a todo el IES Elisa y Luis Villamil de Vegadeo por el trabajo de todos estos años y por los venideros.

Este acto se desarrollaba el día posterior a la cumbre extraordinaria del Consejo Europeo para validar el acuerdo con el Reino Unido. Los detalles de la última semana, seguidos en España con especial atención por el tratamiento de Gibraltar, muestran de nuevo las dificultades de hacer política en nuestro país, siempre embarrados en disputas o trifulcas sin mayor transcendencia histórica, pero importantes en un debate público dominado por el sensacionalismo. Si el pacto dejaba algunas dudas sobre la interpretación de un artículo en torno a las futuras relaciones de Gibraltar con la Unión y, por ende, con España, la declaración política negociada por nuestro país es lo suficientemente nítida para evitar cualquier rendija. Ciertamente, a corto plazo nada cambiará, pero la Unión ha dejado claro que España protagonizará cualquier debate sobre el Peñón, ganando así el apoyo de toda Europa a nuestra posición, cualquier que esta sea con cualquier gobierno nacional. El Brexit no significará que España recupera la soberanía de Gibraltar, pero sí representa que toda Europa se ha puesto detrás de nuestro país en cualquier estrategia que diseñemos. Y será así con este gobierno y con cualquier otro, de modo que no resulta entendible la posición de aquellos que critican este acuerdo que podrán usar en el futuro si alcanzan La Moncloa, que esperamos sea muy tarde.

Por lo demás, una vez apoyado por el Consejo Europeo, el trámite de salida continúa y le toca el trabajo ahora a los legislativos de cada lado, es decir a Westminster y al Parlamento Europeo. Previsiblemente, el acuerdo no tendrá serios problemas en su paso por nuestro Parlamento, pero las dudas más serias se sitúan en Londres. En estos momentos, todos los analistas adelantan una mayoría en contra de este acuerdo en el Parlamento británico y, si eso ocurriera, el camino futuro para el Brexit sería una incógnita. Por una parte, la Unión no va a renegociar nada y, por otra, una derrota del ejecutivo de May en Westminster volvería a poner en la picota la supervivencia de la propia Primera Ministra y nos expondría a una salida a final de marzo sin acuerdo alguno. También hay quien juega con unas elecciones anticipadas en el Reino Unido pero esa opción dilataría en el tiempo cualquier opción creíble, minando la estabilidad jurídica y la previsibilidad del Brexit; mientras que la celebración de un segundo referéndum continúa pareciendo más un sueño de muchos que una posibilidad real. Realmente, salirse de la Unión además de un mal negocio político y económico, está presentando un reto de dificultades prácticas de difícil solución.

Este debate lo trasladaba el lunes en Castropol a los alumnos allí presentes que visitarán a principios de año el Parlamento Europeo en Estrasburgo. Un viaje sin pasaportes, ni comisiones por cambio de moneda, ni dificultad alguna en las fronteras. Para ellos será algo natural. No imaginan la Europa en la que algunos, aún jóvenes, pero menos, vivíamos con las colas kilométricas en la frontera de Irún y la percepción de entrar en otro planeta al otro lado de los Pirineos. No podemos volver atrás, pero tenemos que recordar ese pasado para que no se olvide el esfuerzo de la democracia española en estas décadas y, sobre todo, debemos mirar al futuro para ofrecerles esas oportunidades a todos los jóvenes. También a los que nacen y crecen en el mundo rural como brillantemente se está haciendo desde el Foro Comunicación y Escuela. ¡Adelante!