Grazie, David

12 enero 2022
La nueva España 

Ayer martes, todos los europeístas nos despertamos con una pesadilla. David Sassoli, nuestro Presidente, máximo responsable de la institución europea de elección directa, el Parlamento, había fallecido pocas horas antes. A decir verdad, en la tarde del lunes, el gabinete de presidencia había circulado un extraño correo informando de la cancelación de todas las actividades públicas de Sassoli debido a su mal estado de salud, por un debilitamiento de su sistema inmune que lo tenía hospitalizado desde el pasado 26 de diciembre. La mayoría de nosotros desconocíamos este empeoramiento de su situación, por lo que la comunicación del portavoz del presidente nos dejó un mal presentimiento. Esa misma tarde comenzaron las llamadas cruzadas, pero nadie sabía a ciencia cierta, o prefería no publicitarlo, cómo estaba realmente nuestro Presidente. Lo peor se conoció a primera hora del día ayer. Una pérdida irreparable de un buen hombre, en el sentido machadiano de adjetivo, que se nos fue muy rápido, casi sin aprehenderlo, y que nos deja un vacío profundo en esta casa y en toda Europa.

David Sassoli (Florencia, 1956) estudió Ciencias Políticas en la Universidad de la Sapienza de Roma, si bien muy pronto se vio inclinado hacia el periodismo, profesión que cultivó toda su vida hasta llegar al Parlamento Europeo en 2009. Esa vocación mestiza entre la política de sus estudios y el periodismo de su “laboro” lo condujo a investigar el papel de la mafia y la corrupción de la Italia de los años 80 y 90. De ahí pasó a presentar distintos programas políticos y sociales en la televisión pública italiana desde 1992 hasta su incorporación, en 1996, a los informativos que dirigió durante años hasta que, en 2009, dio formalmente el salto a la política de la mano del Partido Democrático y obtuvo un escaño en el Parlamento Europeo que mantenía hasta el presente.

En su primer mandato en la Eurocámara, a la que se vio catapultado por su enorme popularidad y compromiso informativo en Italia, David Sassoli trabajó fundamentalmente en los comités de Desarrollo y Asuntos Exteriores, si bien también siguió de cerca las primeras tensiones de nuestro modelo migratorio, o más bien el resultado de carecer de un sistema ordenado.

Ya en 2014, Sassoli renovó el escaño y pasó a ocupar una vicepresidencia del Parlamento. Fue en ese momento, coincidiendo con mi llegada a la institución, cuando tuve el gusto de conocerle.  Durante el mandato 2014-2019, no coincidimos demasiado, centrado él en su responsabilidad institucional y yo en ocupar algún espacio en el comité de Asuntos Económicos y Monetarios. En todo caso, en las sesiones plenarias de Estrasburgo, Sassoli era un vicepresidente muy querido, que dirigía de manera extraordinaria los debates y, especialmente, las sesiones de votación. Fue en esos años cuando sufrió un cáncer que le alejó del Parlamento durante algunos meses, tras los cuales retomó su trabajo con mayor compromiso, aún si cabe, pero con las secuelas habituales en los pacientes de quimioterapia.

En 2019, el acuerdo del Consejo Europeo para hacer presidenta de la Comisión a la conservadora alemana Ursula von der Leyen dejaba la plaza de la presidencia del Parlamento para un socialista. Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, miembros del Consejo, habían osado recomendar a la cámara elegir un presidente de Europa del este, toda vez que se saltaban el compromiso político para nominar candidato a la sesión de investidura para presidir la Comisión al líder del grupo político con mayor capacidad de sumar una mayoría de escaños, en aquel momento el socialdemócrata holandés Franz Timmermans. El enfado no fue menor. Los socialistas europeos, liderados ya por Iratxe García, no permitimos que la sangre llegara al río, pero saltamos por encima de las recomendaciones del Consejo e hicimos presidente de nuestra casa al italiano David Sassoli.

No le tocaron, en todo caso, tiempos fáciles. Desde el primer momento, Sassoli enarboló la bandera a favor de una política migratoria solidaria y, tras el impacto del COVID, el Parlamento fue por delante de resto de instituciones en la exigencia, primero, y negociación, después, de todo el paquete de ayudas comunitarias que han supuesto un giro copernicano respecto a la gestión de la crisis financiera de hace ya más de una década.

David Sassoli ha muerto siete días antes de dejar la presidencia del Parlamento. Su generosidad le había llevado a ofrecerse de nuevo al grupo socialista para intentar retener esa responsabilidad en un momento donde la Unión ha iniciado un camino hacia la izquierda, voluntad que no pudo materializarse ante la negativa de Los Verdes a acompañarnos en ese esfuerzo.

Querido David: Tu ejemplo, tu bonhomía, tu afectuosidad, tu cariño y, ante todo, tu compromiso, nos acompañarán siempre. Junto a otro italiano que jugó un papel clave en la construcción de una Europa unida, Altiero Espinelli, último presidente del Parlamento fallecido en el ejercicio de su responsabilidad, pasas a la Historia de nuestro continente. Grazie mille.