19 Sep La mayoría pro-europea, en tensión – La Nueva España
Artículo publicado originalmente en La Nueva España, el 18 de septiembre de 2025.
La pasada semana se celebró el Debate sobre el Estado de la Unión en Estrasburgo en un momento muy delicado para Europa, acosada desde distintos flancos, externos e internos, y lamentablemente sin un claro rumbo, carente del liderazgo de la Comisión, ni unas mayorías políticas estables tanto en el Parlamento como en el Consejo. Las fuerzas anti-europeas ganan espacio con la colaboración en ocasiones del Partido Popular Europeo, que encuentra en ellas el respaldo para impulsar una agenda derechista y, por supuesto, nada europeísta que en la práctica supone la oposición al programa de la coalición pro-europea, centrado y a favor de la integración comunitaria, que sustentó la investidura de la propia Ursula von der Leyen y las décadas de exitosa construcción europea.
Con este marco general de fondo, en un ambiente en los pasillos de las instituciones comunitarias más enrarecido que nunca a la vista de esas dinámicas políticas, Ursula von der Leyen subió al atril del Parlamento poco después de las nueve de la mañana el pasado miércoles día 10 de septiembre con plena expectación de la cámara. La presidenta de la Comisión inició su discurso abordando los graves problemas de seguridad del continente, atenazado por una guerra de agresión en Ucrania que no cesa, inquietos también por las noticias de aquella misma madrugada sobre la violación del espacio aéreo de Polonia, y estupefactos ante una Administración Trump que tan pronto anuncia sus ambiciones territoriales sobre un territorio de la UE (Groenlandia) como afianza su amistad con Putin. “Este debe ser el momento de la independencia de Europa”, afirmó von der Leyen,
Bajo este leiv motiv, la presidenta de la Comisión planteó un horizonte compartido de seguridad común, que se compadece poco de su acuerdo arancelario con Trump, que defendió como un mal menor a la expectativa de otras reformas en Europa que aumenten nuestro grado de autonomía. En este sentido, anunció más inversión en defensa común, un plan para consolidar en serio el mercado único en sectores como la energía, telecomunicaciones, banca y finanzas, programas sectoriales sobre inteligencia artificial, industria limpia, protección comercial, plan contra la pobreza, diseño de una política europea de vivienda, reforzamiento de la seguridad alimentaria, acuerdos comerciales con Mercosur y México, mantenimiento de la apuesta climática, y fortalecimiento de la democracia. Ciertamente, el discurso de von der Leyen recogía una colección de propuestas e ideas donde la mayoría que apoyó su investidura se podría ver representada, y, además, sumó por primera vez propuestas concretas para responder al genocidio de Netanyahu en Gaza, asumiendo una agenda en este ámbito a la que se había venido resistiendo desde hacía ya demasiado tiempo.
Podríamos convenir, pues, que su discurso representó un intento de reactualizar y reanimar su mayoría parlamentaria, muy maltrecha por el comportamiento del Partido Popular Europeo, liderado por el también alemán Manfred Weber, pero también por su propia acción en temas fundamentales como Gaza o su relación con Estados Unidos. Tampoco ayudaba su balance de propuestas legislativas, claramente dirigidas a alimentar una agenda más conservadora, y donde apenas hemos encontrado iniciativas alineadas con las preocupaciones y prioridades del sector más progresista de su coalición de investidura, es decir, con los socialistas.
Ahora bien, tras el guiño del discurso de Ursula von der Leyen, vendría al jarro de agua fría de Manfred Weber. El líder del Partido Popular quiso emplear su discurso para realizar un ataque directo al grupo parlamentario socialista. En este sentido, Weber vino a afirmar que la coalición pro-europea se mantendría vigente siempre cuando sacara adelante la agenda del Partido Popular sin matiz alguno, y sin concesiones para las propuestas del socialistas, liberales y verdes y, lo que es aún peor, disparó personalmente contra la líder del grupo socialista y dedicó buena parte de su escaso tiempo a pretender dividir a nuestro grupo, diferenciando entre buenos y malos socialistas. La diatriba de Weber no sólo torpedeó el intento de von der Leyen por recomponer cierto clima de cooperación, sino que, como le replicó Iratxe García a continuación, le posicionó con total claridad como el mayor rival de la propia presidenta de la Comisión y el principal obstáculo de la mayoría pro-europea.
Así las cosas, veremos cómo evolucionan los hechos en este curso política ya iniciado. Los socialistas queremos seguir aportando y cooperando en la gobernabilidad de la Unión, a pesar de los esfuerzos del PP por expulsarnos. En sus manos tiene von der Leyen asumir, o no, la iniciativa para los decisivos años que vienen. Atentos.
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