La Unión se fortalece en Francia y Eslovenia

04 mayo 2022
La nueva España 

La Unión Europea se jugaba de nuevo su futuro. Aunque la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas protagonizaba todos los titulares de los medios de comunicación, se celebraban también elecciones legislativas en Eslovenia. El Gobierno de esTe país había sido en los últimos años un apoyo inquebrantable de la Hungría de Viktor Orbán en su cruzada “contra Bruselas”, es decir, contra la democracia liberal. A pesar de los malos augurios, marcados por esa cierta superioridad moral de los pesimistas, todo fue razonablemente bien. Así, no sólo hemos garantizado una presidencia europeísta en Francia, sino que también hemos eliminado a un representante de la peor derecha continental en el seno del Consejo Europeo.

La primera legislatura de Emmanuel Macron en el Elíseo, sin duda, no ha logrado transformar Francia, tal y como pretendía el candidato social-liberal en su campaña. En este sentido, adelanté en mi artículo “Macron en el Parlamento: Un debate más francés que europeo” (21/01/2022), publicado en este diario, que en estos cinco años había habido más promesas que medidas aprobadas y que la retórica del Presidente, aun manteniendo su compromiso, comenzaba a resultar un tanto gastada y hueca, mientras algunos problemas se cronificaban en la sociedad francesa sin visos de resolución. Con todo, Francia padece esa rara enfermedad de verse siempre postergada o minimizada, mientras el país sigue siendo, qué duda cabe, uno de los mejores sitios donde vivir en el mundo. Esa sensación alimenta, a su vez, los discursos victimitas en la extrema derecha, y también los del otro polo izquierdista del eje político. Además, la victoria de Macron, aun con menor margen que en las elecciones previas, se produce en un momento donde muy pocos líderes democráticos están logrando reelecciones. Las crisis encadenadas, primero la generada por la COVID y después la actual, vinculada a la invasión de Putin de Ucrania, han venido dando buenos argumentos a los electorados de varios países para buscar respuestas en las opciones políticas alternativas.

En fin, Francia seguirá liderada por un europeísta que entiende bien el necesario empoderamiento de la Unión para sostener el estilo de vida europeo, aunque a veces uno discrepe democráticamente de algunas de sus medidas. En pocos meses, viviremos las elecciones legislativas del país galo, y será esa cita la que permitirá ver en qué medida Macron contará o no con un Parlamento dispuesto a facilitar su gobierno.

El mismo domingo 24 de abril, Eslovenia celebraba unas elecciones legislativas para determinar el perfil del gobierno y la personalidad del jefe de su Ejecutivo. En los últimos años, el primer ministro Janez Janša había venido liderando su país, escorándolo hacia el eje de Visegrado, que se encuentra, por otra parte, en desintegración tras el inicio de la guerra en Ucrania. Janša, conocido por su apoyo permanente a Donald Trump, había hecho comandita con el primer ministro húngaro Orbán en el seno de la Unión Europea.  Aun formando parte del Partido Popular Europeo, la acción de gobierno de Janša se venía deslizando por una senda iliberal y populista. En todo caso, hasta muy recientemente contaba con un amplio respaldo de su electorado y, de alguna manera, su derrota el pasado domingo no había sido pronosticada. Tras los comicios, el Parlamento ha virado hacia posiciones progresistas y europeístas, y se adelanta ya un gobierno comprometido con el Estado de Derecho, es decir, con la Unión Europea, liderado por el profesor universitario Robert Golob.

Así pues, y saltando una vez más sobre las profecías malditas, la Unión sale fortalecida de unas nuevas elecciones, si bien esto no debería ser óbice para postergar la toma de medidas que diluya más rápidamente ese sentimiento presente en amplias capas sociales que parece entregarlos a fuerzas populistas e iliberales. Un nuevo impulso para animar y acelerar nuestro camino europeísta. Seguimos adelante.