Presidencia portuguesa del Consejo de la UE

21 enero 2021
La nueva España 

La presidencia alemana del Consejo de la UE durante el segundo semestre del pasado año concluyó con éxito al lograr alcanzar un acuerdo con el Parlamento para dar cobertura regulatoria a la transferencia del grueso de los 750.000 millones de euros del programa Next Generation EU. Estos desembolsos llegarán a los Estados miembros a través del nuevo reglamento para la puesta en planta del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. Con este acuerdo, que se sellaba al mismo tiempo que la Comisión cerraba el nuevo pacto comercial con el Reino Unido, la presidencia alemana concluía un semestre clave para el conjunto de los europeos. Y con el nuevo año, Portugal recogía el testigo de esa presidencia rotatoria del Consejo de la UE.

Quizá debiéramos clarificar primero el perímetro de influencia de estas presidencias rotatorias. El Consejo de la UE, en primer lugar, es una institución colegisladora, que, junto al Parlamento, define las nuevas leyes comunitarias. La presidencia de turno se ocupa, pues, de estructurar el trabajo en el Consejo de la UE, liderar las negociaciones internas con propuestas que puedan aglutinar a una mayoría de gobiernos nacionales y, a su vez, discutirlas después con el Parlamento. Además, la presidencia rotaria organiza también el debate entre los Estados en el trabajo ejecutivo que realizan en cooperación con la Comisión Europea.

De alguna manera, y trayendo el modelo a nuestra democracia española, esa presidencia rotatoria del Consejo de la UE sería homologable a una presidencia del Senado, con representación exclusivamente territorial, para el trámite legislativo. A esta función hay que añadir la coordinación de los gobiernos nacionales para representar la posición de los Estados en las reuniones con la Comisión Europea. Estas reuniones del Consejo de la UE y el ejecutivo comunitario equivaldrían a los Consejos Interterritoriales (como el de Sanidad, que con tanta frecuencia vemos en la prensa en estos tiempos).

No confundamos, por último, el Consejo de la UE con el Consejo Europeo, que es otra institución, conformada por los jefes de Estado y de gobierno de los Estados y con una presidencia permanente, que en estos momentos ocupa el ex primer ministro belga Charles Michel.  Se trata de una especie de Conferencia de Presidentes de CC.AA., pero con un poder sustancialmente superior.

Pues bien, el gobierno portugués acaba de comparecer ante el Parlamento para presentar sus prioridades para el presente semestre. Sin duda, el mayor reto sigue siendo el desafío del coronavirus y el despliegue del proceso de vacunación. Los Estados han mancomunado a través de la Comisión la inversión pública para acelerar la investigación sobre el virus, el desarrollo de su vacuna y su aprovisionamiento, así como una caja de herramientas sobre los elementos para minimizar la expansión de la enfermedad. Sin embargo, en plena tercera ola, sigue siendo necesaria esa coordinación entre Estados que ha dado paso de facto al inicio de una “unión sanitaria”, un proyecto que el ejecutivo luso se compromete a impulsar.

A su vez, la prolongación temporal de este virus sigue amplificando sus efectos negativos sobre el bienestar de los europeos. De este modo, la implementación de los planes nacionales de recuperación y resiliencia, su elaboración y aprobación con celeridad, ocuparán un espacio central del trabajo de la presidencia portuguesa.

En otro orden de cosas, la dirección del Consejo de la UE se compromete también a acelerar la tramitación de la Ley del Clima, que adelanta la agenda verde de la Unión. A su vez, el gobierno portugués apunta al despliegue de la digitalización europea, para lo que tendrá que trabajar en colaboración con la Comisión en una estrategia industrial renovada. Por último, se apunta también al fortalecimiento del Mecanismo de Protección Civil, la mejora del pacto migratorio (cuyas propuestas iniciales no van en la buena dirección), el fortalecimiento del Pilar Europeo de Derechos Sociales y el papel geopolítico de la Unión.

En fin, buenos propósitos todos ellos que marcarán la senda del trabajo de Europa durante los próximos seis meses. Desde el Parlamento trabajaremos con lealtad con nuestros socios ibéricos para seguir avanzando en esta querida Unión. Adelante.