Sobre la moción de censura – La Nueva España

A mediados de mayo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) fallaba contra la Comisión Europea por no hacer público supuestas conversaciones privadas a través de whatsapp entre Ursula von der Leyen y el director de la farmacéutica Pfizer durante la pandemia. El periódico americano «The New York Times» había solicitado acceso a esos mensajes a través de los mecanismos de transparencia oficiales. Una vez constado que la Comisión no los haría públicos, en virtud de criterios vinculados a la confidencialidad de las comunicaciones, el periódico decidió demandar a la Comisión ante el TJUE, que ha acabado dando la razón al «The New York Times». El día en que se conocía la sentencia contra la Comisión, el jefe de los servicios jurídicos del ejecutivo comunitario «cambiaba» de trabajo. De nuevo, poco a nada se ha podido leer en España sobre una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea contra la Comisión Europea que, sin duda, bien merece algo más que algún cambio de posiciones en los niveles técnicos de la Comisión. A la vista de todo ello, no extraña

Quizá algún lector no habitual de mis columnas quincenales haya sentido la tentación de detenerse unos segundos en estas líneas a la búsqueda de algún comentario sobre la complicada situación de la política española. Siento decepcionarle, si bien espero que siga leyendo algunas líneas más porque esta semana el Parlamento Europeo rechazó la moción de censura que la extrema derecha había presentado contra la Comisión, y que apenas ha atraído interés mediático en nuestro país, más centrado en otros asuntos localistas. Pues bien, voy a intentar dar un poco de contexto a esta moción censura y explicar también mi voto en contra, aun cuando mi nivel de confianza en la actual Comisión Europea está bajo mínimos.

A mediados de mayo, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) fallaba contra la Comisión Europea por no hacer público supuestas conversaciones privadas a través de whatsapp entre Ursula von der Leyen y el director de la farmacéutica Pfizer durante la pandemia. El periódico americano «The New York Times» había solicitado acceso a esos mensajes a través de los mecanismos de transparencia oficiales. Una vez constado que la Comisión no los haría públicos, en virtud de criterios vinculados a la confidencialidad de las comunicaciones, el periódico decidió demandar a la Comisión ante el TJUE, que ha acabado dando la razón al «The New York Times». El día en que se conocía la sentencia contra la Comisión, el jefe de los servicios jurídicos del ejecutivo comunitario «cambiaba» de trabajo. De nuevo, poco a nada se ha podido leer en España sobre una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea contra la Comisión Europea que, sin duda, bien merece algo más que algún cambio de posiciones en los niveles técnicos de la Comisión. A la vista de todo ello, no extraña que la iniciativa en todo este asunto proviniera de un medio estadounidense, y no de uno europeo.

Con la sentencia en la mano, y junto a todas las teorías conspirativas de la extrema derecha, un diputado rumano del grupo de Conservadores y Reformistas (ECR), Gheorghe Piperea, se puso a buscar las 72 firmas necesarias para presentar una moción de censura. Y las encontró entre los diputados de los Patriotas, el grupo liderado por Le Pen y Vox , y entre sus propios colegas de ECR, exceptuando a los italianos del partido de Meloni, que se mantuvieron ajenos a esta operación. Con las firmas recogidas, el debate de la moción se desarrolló el pasado el lunes y el voto se celebró ayer jueves.

Los «censores» exigían la salida de Ursula von der Leyen supuestamente por el fallo judicial. Ahora bien, el discurso de Piperea se centró en clamar contra el «globalismo», la ideología de género, la «destructiva agenda verde y agenda 2030» y toda la retahíla que, en boca de Trump, Putin, Orban, o Abascal, reconocemos muy fácilmente. Así pues, no había elección alguna para los demócratas en el voto a la moción de censura. Por mucho que las insatisfacciones se vayan acumulando peligrosamente con esta Comisión, jamás podríamos apoyar tal disparate de moción. De este modo, de nuevo, la mayoría proeuropea de populares, socialistas, liberales y verdes, junto algunos diputados de ECR, acabamos votando contra la moción. En todo caso, Ursula von der Leyen perdió 40 votos de apoyo respecto al respaldo logrado en su investidura el pasado julio.

Más allá de este voto unánime de las fuerzas proeuropeas en esta moción de censura, la realidad de los juegos de alianzas en la Unión está virando y mucho. Desde el inicio de esta legislatura, el PP dispone, aunque solo numéricamente, de una mayoría alternativa con los tres grupos de la extrema-derecha: los nacionalistas de ECR, los fascistas de los Patriotas, y los nazis de ESN (Europa de las naciones soberanas). Además, la Comisión y el Consejo no sólo han girado más a la derecha, sino que, aún peor, la presencia de primeros ministros, ministros y comisarios de fuerzas ajenas a la tradición proeuropea también ha aumentado. De este modo, cada vez son más frecuentes mayorías pivotadas por el PP junto a sus aliados antieuropeos, por lo que liberales, verdes, y socialdemócratas nos estamos centrando en resistir la presión de la extrema-derecha, poner al Partido Popular ante su espejo y lograr victorias puntuales

En este sentido, esta semana, en las negociaciones con Ursula von der Leyen sobre nuestro voto en la moción de censura, el grupo socialista liderado por Iratxe García ha logrado arrancar un compromiso clave en la propuesta del próximo Marco Financiero Plurianual (2028-34): el Fondo Social Europeo continuará en el presupuesto comunitario. Este Fondo financia en toda Europa políticas sociales, empleo, y cohesión, y sólo en Asturias supone cerca de 130 millones de euros. Pues bien, la Comisión ya había filtrado que, en sus planes de reordenación de fondos, el Fondo Social Europeo sería eliminado.

Finalmente, no pasarán. La batalla continúa. Atentos.

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