Artículo publicado en La Nueva España el 5 de abril de 2018 El nuevo paradigma tecnológico ofrece prometedoras oportunidades para Asturias. Después de más de un siglo de concentración de la población en las zonas urbanas tras el impulso de la revolución industrial, primero, y la de servicios, después, la actual revolución digital va a suponer una profunda revisión de las tendencias demográficas. Asturias afronta esta nueva era en un posición positiva, pero pendiente de toma de decisiones claves en este entorno global. Por una parte, la región debe articular ya el área metropolitana. El pasado lunes me reunía en mi Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales con el profesor Fernando Rubiera, coordinador del Laboratorio de Análisis Regional Económica Regional (REGIOlab). Me decía Rubiera que por debajo de los 500.000 habitantes, las zonas urbanas no desarrollaban las potencialidades necesarias para disparar las economías de escala y de aglomeración que introducen a las ciudades en círculos virtuosos de crecimiento, pero por encima de esa cifra comenzaban a aparecer desconomías vinculadas a la congestión, como el tráfico, la contaminación o los costes logísticos. De este modo, la zona central de Asturias se encuentra a en una posición envidiable en la medida que una buena organización del área metropolitana podría aprovechar las oportunidades de ese entorno con 800.000 personas, pero organizadas en distintos centros urbanos que evitaran los efectos negativos de esa concentración.