Artículo publicado en La Nueva España el 23 de marzo de 2018 La globalización y la digitalización de la economía han abierto nuevas áreas de crecimiento y de innovación, ampliando así las oportunidades para mejorar nuestro nivel de vida y la prosperidad de nuestras sociedades. Sin embargo, no todos los ciudadanos pueden beneficiarse por igual de esta expansión y el debilitamiento de la capacidad redistributiva de los sistemas fiscales nacionales, ante la movilidad global de las bases imponibles, está conduciendo a un aumento de las desigualdades, a la erosión de la cohesión social y, además, se está tensionando la propia estabilidad de nuestros sistemas democráticos. Es urgente, pues, rediseñar nuestros sistemas fiscales para recuperar la capacidad redistributiva y reafirmar la legitimidad social del modelo socio-económico en Occidente. Europa es muy consciente de estos retos y en estos años la Comisión Europea, especialmente el comisario socialista de Hacienda, Pierre Moscovici, junto al grupo socialista en el Parlamento Europeo, han activado una agenda ambiciosa para recuperar esa capacidad tributaria que los Estados-nación han ido perdiendo de la mano de la expansión de la economía global. En este sentido, Europa ha aprobado en esta legislatura iniciativas legislativas para forzar a las grandes multinacionales a tributar en los países donde efectivamente obtienen sus beneficios, evitando así la elusión fiscal y combatiendo los tax-ruling a través de la política de competencia, ha adoptado una lista negra de paraísos fiscales, ha avanzado en la lucha contra el fraude fronterizo del IVA y, en estos momentos, el Consejo discute dos directivas para armonizar y consolidar la base imponible del impuesto de sociedades, paso previo a la fijación de un tipo mínimo.