Artículo publicado en La Nueva España el 1 de febrero de 2018 El 4 de marzo se celebrarán elecciones generales en Italia. Bajo un clima de gran preocupación nacional, estos comicios se plantean por vez primera desde 1948 en clave europea. Mientras en 1948 las elecciones giraron en torno a la entrada de Italia en Europa, en esta ocasión, en el país trasalpino chocan los planteamientos de los principales partidos políticos en su aproximación a Europa como elemento diferenciador. Las encuestas apuntan a un escenario muy dividido, aunque con un incremento en todo caso de la derecha. En ese campo, Silvio Berlusconi sigue liderando el principal partido conservador, Forza Italia, organización que se presenta en coalición con otras formaciones de la derecha. Berlusconi continúa inhabilitado para ocupar un cargo público, de modo que no se sabe fehacientemente quién podría ser su Primer Ministro en caso de victoria, aunque se especula con la opción de Tajani, aunque ese candidato no gusta mucho a sus compañeros de viaje. Exactamente, en ese vagón también viaja Matteo Salvini, el líder de la Liga, que ha eliminado “Norte” de su nombre para dirigirse a todo el país aunque con el mismo discurso racista y antieuropeo de siempre.

Artículo publicado en Agenda Pública el 19 de Enero de 2018

La Comisión Europea ha publicado en diciembre su agenda para completer el diseño institucional de la zona euro. La ausencia de instrumentos de política fiscal comunes, dejó el impulso presupuestario anti-cíclico pactado en el G20 en manos de los Estados miembros y ello nos condujo a una crisis de balanza de pagos en cuanto los mercados comenzaron a dudar de la sostenibilidad de algunas emisiones de deuda pública denominadas en euros, obligando a los países deficitarios a programas de estabilización y políticas fiscales pro-cíclicas. La propuesta de la Comisión va en la buena dirección para evitar situaciones similares pero los textos legislativos concretos que se detallan en la comunicación se sitúan todavía lejos de lo imprescindible.

En primer lugar, la Comisión propone transformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), creado por un acuerdo intergubernamental entre los Estados del euro, en un Fondo Monetario Europeo (FME), incorporándolo así al acervo comunitario con rendición de cuentas ante el Parlamento Europeo. Ciertamente, el nuevo nombre explica bastante bien su cometido por analogía con el Fondo Monetario Internacional. Este Fondo podrá prestar financiación a los Estados miembros con mayor agilidad que el actual MEDE, al pasar el criterio de concesión de créditos de la unanimidad a una mayoría cualificada. Esos préstamos seguirían llevando aparejados una estricta condicionalidad, dirigida a asegurar su devolución. No se aleja, pues, de la filosofía de la institución ideada por Keynes para un entorno de tipos de cambio cuasi-fijos, aunque recordemos que en Bretton Woods se supervisaba también la evolución de las balanzas pagos, que podría incluso conducir a fijar aranceles a la exportación para estabilizar las cuentas corrientes.