19 Ene El futuro de la eurozona
La Comisión Europea ha publicado en diciembre su agenda para completer el diseño institucional de la zona euro. La ausencia de instrumentos de política fiscal comunes, dejó el impulso presupuestario anti-cíclico pactado en el G20 en manos de los Estados miembros y ello nos condujo a una crisis de balanza de pagos en cuanto los mercados comenzaron a dudar de la sostenibilidad de algunas emisiones de deuda pública denominadas en euros, obligando a los países deficitarios a programas de estabilización y políticas fiscales pro-cíclicas. La propuesta de la Comisión va en la buena dirección para evitar situaciones similares pero los textos legislativos concretos que se detallan en la comunicación se sitúan todavía lejos de lo imprescindible.
En primer lugar, la Comisión propone transformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), creado por un acuerdo intergubernamental entre los Estados del euro, en un Fondo Monetario Europeo (FME), incorporándolo así al acervo comunitario con rendición de cuentas ante el Parlamento Europeo. Ciertamente, el nuevo nombre explica bastante bien su cometido por analogía con el Fondo Monetario Internacional. Este Fondo podrá prestar financiación a los Estados miembros con mayor agilidad que el actual MEDE, al pasar el criterio de concesión de créditos de la unanimidad a una mayoría cualificada. Esos préstamos seguirían llevando aparejados una estricta condicionalidad, dirigida a asegurar su devolución. No se aleja, pues, de la filosofía de la institución ideada por Keynes para un entorno de tipos de cambio cuasi-fijos, aunque recordemos que en Bretton Woods se supervisaba también la evolución de las balanzas pagos, que podría incluso conducir a fijar aranceles a la exportación para estabilizar las cuentas corrientes.