Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 23 de noviembre de 2017 El pasado fin de semana se celebró en Gotemburgo una cumbre sobre la Europa Social, auspiciada por el gobierno socialdemócrata sueco, con la presencia de los presidentes de la Comisión, Parlamento y Consejo, así como los Jefes de Estado o de gobierno de los países de la Unión. La reunión pretendía elevar la prioridad política de la construcción de un pilar social, después de sufrir una pasada legislatura centrados en las políticas de austeridad. La cita concluyó con una declaración de principios, pero sin anuncios de iniciativas legislativas concretas, para lo cual se necesita, por otra parte, otras mayorías políticas en la Unión, y tendremos que esperar hasta las próximas elecciones europeas, donde confiemos, los ciudadanos decidan apoyar con más fuerza las candidaturas socialistas. Esta legislatura se inició con el compromiso de Juncker, en su sesión de investidura, de impulsar una Unión con una “triple A social”, usando la terminología de las agencias de ratings que definen con esa expresión la deuda pública con mayor credibilidad y calidad en los mercados. Una comparación, en mi opinión, equivocada porque la política social no debe ser evaluada con criterios de mercado. En todo caso, aceptando o no esa analogía, el impulso de la Comisión Juncker en esta materia ha brillado por su ausencia.

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 9 de noviembre de 2017 El diseño institucional de la Unión Europea no resulta muy sencillo y esa complejidad dificulta la rendición de cuentas. El Consejo Europeo, el Consejo, el Ecofin, el Eurogrupo, la Comisión, el Parlamento, el Comité de las Regiones, el Comité Económico y Social o el Tribunal de Justicia de la Unión son sólo algunos nombres de instituciones cuyas opiniones o decisiones se asignan a “Europa” o a la “Unión Europea” en los titulares de los periódicos. Si todo lo que impulsan lo hacen en nombre de Europa y, en muchos casos, con opiniones divergentes pueden generar una confusión notable, si no somos capaces de saber qué hay detrás de esa “Europa” de las noticias. El ciudadano no acaba de conocer quién es responsable de qué y por lo tanto, no puede premiar o castigar a unos o a otros en las distintas convocatorias electorales con una panorámica clara. En fin, más allá de esta reflexión general, en estos momentos se está discutiendo la elección del futuro presidente del Eurogrupo, que debe sustituir en enero al holandés Dijsselbloem, cuya gestión, incluidas sus lamentables declaraciones sobre los países mediterráneos, ha sido, cuando menos, decepcionante, teniendo en cuenta además su adscripción partidaria a la familia socialista.