Artículo publicado en “Cinco Días” el 7 de octubre de 2017
La situación de Cataluña ha llegado ya a unos niveles de inestabilidad absolutamente insoportables. La aprobación en el
Parlament a principios de septiembre de las leyes para la convocatoria de un referéndum y la de desconexión posterior incumpliendo el reglamento de la cámara, el
Estatut y la propia Constitución, seguido por la organización por parte de la
Generalitat de esa consulta ilegal, bajo la pasividad de la policía autonómica desobedeciendo un claro mandato por parte de las autoridades judiciales han situado a Cataluña ante el abismo.
Desde entonces, nos enfrentamos a dos problemas. Por una parte, el encaje de Cataluña en el conjunto del país que está obviamente sin resolver. Y, por otra, las últimas decisiones de las autoridades autonómicas de Cataluña han situado a esa comunidad fuera del Estado de Derecho. Esta situación nos interpela, nos interroga, sobre los posibles caminos que debemos tomar. Sin duda, el diálogo es el instrumento para encauzar esta crisis, pero para ello debemos retornar al Estado de Derecho. No hay negociación posible si no se comparte un marco conceptual común, y ése, en una democracia, no puede ser otro que la Constitución y sus cauces.