Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 7 de septiembre de 2017 El Parlamento Europeo, además de realizar el trabajo legislativo, presta especial atención a su misión como institución de control del poder ejecutivo y de los organismos independientes. En el marco de esa labor, se realiza un informe anual sobre la actividad del Banco Central Europeo donde, la cámara de representación de la ciudadanía examina las medidas de política monetaria, la gobernanza de la institución y propone nuevas líneas de actuación. En el análisis de este año, el comité de asuntos económicos y monetarios del Parlamento ha tenido a bien nombrarme ponente de ese informe, es decir, ser el responsable de elaborar un documento inicial, tratar de incorporar las enmiendas del resto de colegas y conducir la negociación hasta la aprobación de un texto final que será la opinión de todo el parlamento. El pasado lunes tuve la oportunidad de presentar mi informe ante el comité con un mensaje claro: no es el momento de revertir la orientación expansiva de la política monetaria. En estos momentos, algunos países y las familias políticas más conservadoras están siendo extremadamente críticas con la expansiva política monetaria y han abierto un debate sobre su reversión que debemos cerrar cuanto antes. En primer lugar, el BCE, aún con todas las medidas asumidas en los últimos años, sigue sin cumplir el objetivo marcado en sus estatutos: situar la inflación cerca pero por debajo del 2 por ciento. El pasado año, la inflación cerró con una tasa promedio de tan sólo el 0,2 por ciento, sumando así ya cuatro año sin alcanzar el objetivo. Además las previsiones para este año se sitúan en e1 1,5 por ciento, 1,3 por ciento para 2018 y 1,6 por ciento para 2019. Así pues, la zona euro podría sumar siete años con inflaciones muy alejadas del objetivo. Es cierto que el BCE ha evitado que la zona euro se adentrase en una fase deflacionaria, esfuerzo que valoramos positivamente, pero aún estamos lejos de alcanzar el objetivo.

Tras estos quince intensos días de presencia en la Feria de Muestras de Asturias solo nos queda daros las gracias. Por vuestra presencia,  por vuestra acogida, un año más,  y,...

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 17 de agosto de 2017  Ayer miércoles celebrábamos el “Día de Europa” en la Feria Internacional de Muestras de Asturias, una actividad organizada por el centro Europe Direct de Gijón, que contó con la colaboración adicional del Consejo Asturiano del Movimiento Europeo, y en la que tuve el honor de participar. Siempre es importante acercar el debate europeo, llevarlo allí donde está la ciudadanía y, por ello, esta cita en la Feria centrada, además, en los más pequeños, representa una oportunidad única para ese fin. Un objetivo, por cierto, que también persigo con el establecimiento de mi propio stand en la Feria. Durante toda la mañana de ayer, los activistas de Europe Direct recogían opiniones sobre la Unión Europea de los niños y niñas que entraban en la Feria y se les ofrecía la oportunidad de participar en un concurso, realizando un dibujo sobre sus visiones de Europa, con los que se preparó un gran mural. En esas pinturas podíamos ver cómo los más jóvenes participan ya de ese nuevo demos europeo, representando las distintas características de cada país, en perfecta sintonía con el conjunto; una imagen que dista y mucho del imaginario de la última generación de europeos que nació antes de la fundación del proyecto de la Unión, que cumple en este 2017 sesenta años. La Banda del Regimiento de Infantería Ligera “Príncipe” número 3 hizo sonar el Himno de Europa a las doce y media de la mañana, un símbolo también de esa incipiente Unión de la Defensa, mientras se izaba la bandera europea. Tras unas palabra de Pedro López, como vicepresidente dela Cámara Oficial de Comercio de Gijón, se sucedió después un coloquio entre varios eurodiputados, dirigido por Fernando Méndez-Navia, del Movimiento Europeo. Pero, sin duda, lo más entrañable de la jornada, junto al recuerdo a nuestro añorado Elías, fue la entrega de los premios del concurso de dibujo para los más pequeños, un reconocimiento que alimenta en sus mentes los deseos de viajar, de conocer y de compartir en una gran Europa democrática.

Artículo publicado en mi sección quincenal "Tarjeta Azul" de La Nueva España el 3 de agosto de 2017  A finales de 2013, el Parlamento Europeo aprobaba una directiva sobre hipotecas, la primera regulación europea sobre un producto financiero clave para millones de familias. En ese texto legislativo, el Parlamento mejoraba sustancialmente la propuesta inicial de la Comisión Europea, incorporado un mayor control sobre las hipotecas en moneda extranjera, facilitando los créditos a tipo fijo e imponiendo la elaboración de tasaciones independientes. Asimismo, establecía límites a los cargos de demora, ampliaba el plazo para ejecuciones, fijaba un periodo de reflexión antes de su firma, prohibiéndose las “ventas combinadas” obligatorias (hipotecas y seguros, por ejemplo) por parte de las entidades de crédito. Además, se estrechaba la supervisión sobre los bancos y la solvencia de los consumidores, flexibilizándose la amortización de la deuda y la dación en pago, entre otros avances. Esta directiva ha sido clave, por otra parte, en la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europa sobre las cláusulas suelo y otros abusos bancarios en los últimos años en España. Aún cuando el gobierno de España no había traspuesto aún al acervo legal de nuestro país esta directiva, los ciudadanos y los tribunales europeos han podido blandirla en sus demandas y en sentencias a favor siempre de las personas endeudas. Pues bien, esta norma lleva por nombre “directiva Sánchez Presedo”, en honor del eurodiputado socialista español Antolín Sánchez Presedo. En el trámite legislativo europeo, a partir de la propuesta inicial de la Comisión, el Parlamento elige a un diputado que se ocupa de mejorar y liderar la tramitación del texto, encauzando cientos de enmiendas presentadas por los diputados y buscando aunar una mayoría, que no se puede circunscribir a los grupos ideológicamente afines, insuficientes para alcanzarla y en los que no existe disciplina de voto. Tras sumar voto a voto esa mayoría parlamentaria, el ponente lidera las negociaciones con el Consejo, buscando un compromiso con los distintos ministros de los 28 Estados miembros hasta alcanzar un acuerdo.