En los últimos coletazos del rescate a Chipre, en los primeros meses de 2013, un recién nombrado presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, realizaba unas declaraciones públicas alertando no sólo de que los depósitos chipriotas tendrían que asumir pérdidas derivadas de la necesaria recapitalización bancaria, sino que esa herramienta sería un modelo para el resto de programas en otros países. Tales declaraciones elevaron las tensiones financieras de la zona euro, unos meses después de que el Consejo Europa impulsara la creación de la unión bancaria. Desde entonces, hemos conocido un Dijsselbloem algo menos aventurero, aunque siempre altanero, e incluso sorprendió con su veloz visita a Atenas tras las primeras elecciones en las que venció Syriza, con la que quiso evidenciar una vocación de entendimiento con el nuevo Gobierno. Sin embargo, su reciente entrevista a un medio de comunicación alemán, comparando a los países que han solicitado un rescate con una persona que pide ayuda para “gastarlo en alcohol y mujeres” lo han vuelto a poner en el ojo del huracán, justo en un momento donde parece que estuviera intentando mantenerse al frente al Eurogrupo, aún tras dejar el Gobierno holandés, como se prevé, en los próximos meses. Estas inaceptables declaraciones y la ausencia de cualquier tipo de disculpa deben conllevar la dimisión inmediata de Dijsselbloem al frente del Eurogrupo.

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 16 de marzo de 2017 El sábado 25 de marzo se celebra en la capital italiana una gran manifestación ciudadana para celebrar el 60 Aniversario del Tratado de Roma. La cita coincide con una Consejo Europeo Extraordinario donde los Jefes de Estado o de gobierno deberán redoblar el compromiso de sus países con el proyecto europeísta y, de alguna manera, dar respuesta al libro blanco que la Comisión publicó hace unas semanas sobre las distintas hojas de ruta para la Unión. La efeméride coincidirá con la inminente activación del artículo 50 por parte del Reino Unido, trámite que dará pistoletazo de salida a la negociación del Brexit, y se cristalizará nuevamente las tensiones con los países del Grupo de Visegrado que aúna a Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Polonia, que deben asumir un compromiso más ambicioso con la UE que no se limite a participar del mercado interior. En todo caso, el Consejo Europeo deberá apostar por alguna de las opciones que ha planteado la Comisión, aunque los grandes países ya han dado algunas pistas.   El Libro Blanco de la Comisión presenta cinco opciones de futuro. La primera de ellas plantea un desarrollo ordinario sobre los compromisos previos, desplegando el mercado interior hacia las telecomunicaciones, energía y mercados de capitales y financieros, con apenas pasos adicionales en la unión política. El segundo escenario supone una notable involución sobre el presente, regresando simplemente a un mercado único. En el tercero, la Comisión apuesta por cooperaciones reforzadas en aquellas áreas donde haya un mínimo de países dispuestos a avanzar más rápidamente en una especie de una Unión a múltiples velocidades, que complicaría en grado sumo, por otra parte, la gobernabilidad democrática de tal modelo. En el cuarto, se presenta una vía de avances muy concentrados y seleccionados con el propósito de hacer más con menos. Y, por último, como quinta opción se apuesta por una Europa que avance bajo un prisma federal en todos y cada uno de los campos.