Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 13 de abril de 2017 Se ha ido. Carme Chacón ha fallecido. Una pérdida inesperada, súbita y prematura. Una derrota desoladora. Siempre la muerte representa un fracaso, pero esta partida se hace infinitamente más dolorosa. Estos días se hacen muy duros en la familia socialista y en todo el país. Más allá de desencuentros o disputas políticas, Carme ha representado lo mejor de los valores socialistas. Su padre, oriundo de Almería, partió a la Cataluña de mediados del siglo pasado en busca de trabajo. Su madre llegó a Barcelona unos años antes, tras el asesinato de su padre anarquista en la guerra civil, desde Aragón. Cataluña acogió y dio un futuro a miles de compatriotas provenientes de toda la geografía nacional, con historias en sus maletas de hambre y miseria en los oscuros años de la dictadura franquista. En ese entorno, Carme nació y creció, adquiriendo muy pronto una conciencia política que le llevo a afiliarse a las Juventudes Socialistas con dieciséis años. Pero su militancia política temprana no ralentizó su desarrollo académico. Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona, con estudios de postgrado en las universidades de York, Kingston, y Laval. Con veintitrés años ya era profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Girona. Y combinó esta brillante carrera profesional con el compromiso político en el seno del PSC y del PSOE. Haciendo honor al compromiso municipalista del socialismo catalán fue primero concejal y teniente alcalde en el Ayuntamiento de Esplugues del Llobregat, para alcanzar el Congreso de los Diputados en el año 2000 y entrar en el Consejo de Ministros en 2007 con la cartera de Vivienda y pasar en 2008 al Ministerio de Defensa hasta finales de 2011. En 2012, intentaría sin éxito alcanzar la Secretaria General del PSOE, abandonaría su escaño en el Congreso en 2013 para dar clases en el Miami Dade College, y aún habría de volver a las Cortes en 2015, para renunciar meses después y retomar su carrera profesional hasta el presente, si bien nunca dejó su compromiso político y en las últimas semanas la veíamos de nuevo participando en las primarias del PSOE dando su apoyo a Susana Díaz.

  Ameno debate el organizado por "El Telar" en Bruselas que compartí con las eurodiputadas Tania González (Podemos), Maite Pagazaurtundúa (UPyD), el coordinador del grupo municipal de SOMOS/Oviedo, David Acera y el corresponsal...

    Un placer poder conocer de la mano de su impulsor, Héctor Lasheras, el gran esfuerzo e imaginación que implica la puesta en marcha de una iniciativa cultural tan original con COMETCON.  Originalidad que, sin duda, desbordan les...

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 30 de marzo de 2017   Escribo estas líneas, tras regresar de Roma donde el sábado 25 de marzo, tuve ocasión de participar en una gran manifestación ciudadana en favor de una Europa política, social y también de la defensa, pues es preciso dar un salto cualitativo en este terreno, precisamente después de Brexit y de la elección de Donald Trump.   La política de Seguridad y Defensa ha pasado a ser una de las grandes prioridades de la UE. El libro blanco que ha lanzado la Comisión Europea sobre el futuro de Unión plantea como hitos fundamentales en los próximos meses tres áreas: construir un pilar social, completar la Unión económica y abordar el futuro de la defensa europea. En una situación de cierto bloqueo del proyecto europeo, avanzar hacia una integración de nuestras capacidades en el ámbito de la defensa es un importante paso adelante pues nos obligaría a avanzar también en la comunitarización de la política exterior.

Artículo publicado en Contexto el 25 de marzo de 2017

El proyecto europeo se ha politizado. Desde la firma del Tratado de Roma hace ya 60 años, efeméride que ahora celebramos, el proceso de construcción europea estuvo liderado por políticos, altos funcionarios y académicos que deseaban acabar con la historia de guerras civiles en el seno de Europa. La ciudadanía respaldó esta aventura como un depósito de confianza en sus líderes pero, honestamente, sin un fervor europeísta ampliamente compartido. De este modo, hemos ido construyendo Europa, pero echando de menos la constitución de ese auténtico demos europeo. Ahora bien, ese mundo se ha acabado.

 Desde el fracaso de la non nata Constitución Europea, se ha comenzado a fraguar en muchos países de la Unión ese discurso nacionalista que se ha alimentado de la incorrecta gestión de la crisis, y de los retos posteriores en la gestión de los refugiados o en los actuales problemas de seguridad, junto al desafío del Brexit. La crisis económica rompió la confianza norte-sur. Los países del norte comenzaron a aportar financiación para rescatar a varios países mediterráneos y a Irlanda y, con ello, se inició un discurso contra los supuestos despilfarros de Estados como el nuestro. Y en el sur, por otra parte, se generó un sentimiento de rencor ante quienes nos exigían duros ajustes como contrapartida de esas ayudas. En la crisis de refugiados, la fractura norte-sur se amplió a este-oeste. Los países de la Europa occidental intentaron dar una respuesta más solidaria ante las personas que huían de la guerra y la miseria más allá de nuestras fronteras. Por contra, al este, naciones muy homogéneas étnicamente apostaron por elevar muros ante la llegada de refugiados. A su vez, la crisis de seguridad está golpeando a todos los europeos y el Brexit supone un desafío para toda la Unión. Todas estas crisis han bloqueado el funcionamiento ordinario del proyecto y lo han puesto en una encrucijada.

En los últimos coletazos del rescate a Chipre, en los primeros meses de 2013, un recién nombrado presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, realizaba unas declaraciones públicas alertando no sólo de que los depósitos chipriotas tendrían que asumir pérdidas derivadas de la necesaria recapitalización bancaria, sino que esa herramienta sería un modelo para el resto de programas en otros países. Tales declaraciones elevaron las tensiones financieras de la zona euro, unos meses después de que el Consejo Europa impulsara la creación de la unión bancaria. Desde entonces, hemos conocido un Dijsselbloem algo menos aventurero, aunque siempre altanero, e incluso sorprendió con su veloz visita a Atenas tras las primeras elecciones en las que venció Syriza, con la que quiso evidenciar una vocación de entendimiento con el nuevo Gobierno. Sin embargo, su reciente entrevista a un medio de comunicación alemán, comparando a los países que han solicitado un rescate con una persona que pide ayuda para “gastarlo en alcohol y mujeres” lo han vuelto a poner en el ojo del huracán, justo en un momento donde parece que estuviera intentando mantenerse al frente al Eurogrupo, aún tras dejar el Gobierno holandés, como se prevé, en los próximos meses. Estas inaceptables declaraciones y la ausencia de cualquier tipo de disculpa deben conllevar la dimisión inmediata de Dijsselbloem al frente del Eurogrupo.