Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 3 de marzo de 2017

El próximo miércoles celebramos el Día de la Mujer, un reconocimiento que por necesario nos recuerda lo alejados que aún estamos en la consecución de una sociedad igualitaria. Esta cita coincide además con un recrudecimiento de los casos de violencia machista, que también nos debe hacer reconsiderar los comportamientos patriarcales, que residen de un modo u otro en el fondo de tales actos. Así pues, días como estos deben continuar en nuestro calendario, aunque sólo sea como recordatorio, como una luz, que nos acompañe a lo largo de toda la vida. Por lo tanto, esta conmemoración no sólo puede ser una “celebración”, que también, sino esencialmente una reivindicación por la igualdad de género.

En el marco europeo aún hay mucho que conquistar. Pero además, no podemos retroceder. En estos momentos, el gobierno polaco no sólo se ha embarcado en una destrucción de la independencia de los poderes del Estado, sino que avanza en el recorte de los derechos de las mujeres. Normalmente, la vocación liberticida que a veces empieza atacando la igualdad de género es un síntoma de un programa global iliberal. Pero este estrechamiento de las libertades, que se produce al combatir la igualdad, lo vemos también en seno de la Unión en otros países del este. Una situación complicada a la que la Unión debe responder ateniéndonos puntualmente a nuestros valores compartidos.

Intensa jornada de actividad en Gijón. Durante la mañana participé en unas interesantes jornadas sobre "economía circular" junto a las empresas asturianas de FEMETAL. Ya de a de tarde visité la Casa Malva....

El pasado miércoles el Parlamento Europeo aprobó por una amplia mayoría el Acuerdo Económico y Comercio Global con Canadá, más conocido como CETA. El acuerdo entrará ya en vigor de manera provisional una vez haga lo propio el parlamento canadiense sujeto, en todo caso, a la ratificación posterior por todos los Estados miembros. El acuerdo ha estado sujeto a notables críticas, amplificadas por el debate sobre el TTIP, el acuerdo con Estados Unidos, que se encuentra paralizado o incluso muerto tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. En esta breve columna pretendo salir al paso a algunas de las críticas que se han vertido sobre el acuerdo y, por lo tanto, defender mi voto afirmativo. Quiero clarificar que mis argumentos van dirigidos a aquellos que como yo aspiran a vivir en una sociedad igualitaria en el marco de una economía social y de mercado, junto a eficientes instrumentos de regulación y redistribución de la renta. O dicho de otra manera, hay personas que están contra el CETA en la medida en que están siempre contra el mercado. Mi colega Miguel Urbán es anticapitalista y, por lo tanto, se sitúa contra este acuerdo comercial. Por ello, la discusión sobre este asunto con estos amigos no puede focalizarse sólo en el CETA, sino en el modelo de sociedad al que se aspira. Por lo tanto, quiero dejar claro que al debatir las bondades o maldades del CETA no puedo entremezclarlo con un intercambio de opiniones sobre la naturaleza de la economía de mercado. Ese es otro debate. Quiero así circunscribir claramente el objetivo de este artículo.

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 15 de febrero de 2017 El Parlamento Europeo estableció hace años un sistema para que los ciudadanos puedan visitar nuestra...