El próximo 1 de julio se cumplirá un año del inicio de la presente legislatura del Parlamento Europeo. Las elecciones dieron como resultado un notable aumento de las fuerzas euro-escépticas e incluso euro-hostiles, que ganaron con comodidad en Francia o en el Reino Unido. Pero, además, esos comicios produjeron una pérdida de la hegemonía conservadora que sufrimos en la legislatura previa, en la que se marcó una agenda paneuropea de recortes sociales. Como contrapeso, el grupo socialista ha ganado un mayor espacio de influencia en este mandato que estamos utilizando para hacer virar la política económica, en cumplimiento con nuestros compromisos electorales, y cuyos resultados en las tasas de actividad estamos ya constatando. Sin duda, los cambios no están siendo tan rápidos ni rotundos como hubieran sido ante una contundente victoria socialista, pero sí lo suficientes para percibir ya una recuperación económica, cuya traslación a los ciudadanos depende también de las políticas complementarias de los Estados.