03May
2018
Escrito a las 5:52 am

Artículo publicado en La Nueva España el 3 de mayo de 2018

La semana pasada el gobierno de Mariano Rajoy hacía pública su posición ante el debate que los ejecutivos nacionales tendrán en junio en una cumbre clave sobre el futuro del euro. La aportación española no puede ser más decepcionante, cuando nos estamos jugando no sólo la definitiva salida de la crisis, sino también el perfil de los posibles efectos de la próxima (cualquiera que esta sea) y el propio futuro de la Unión.

La cumbre del Consejo Europeo se realiza después de que la Comisión presentara a final del pasado año un paquete de propuestas sobre la unión monetaria. La hoja de ruta de la Comisión se centraba en introducir en el acervo legal comunitario los dos tratados acordados de modo intergubernamental en el epicentro de la crisis. El primero en 2011 para la creación de Mecanismo de Estabilidad, un fondo que pudiera financiar rescates a cualquier Estado miembro, y el segundo en 2012 para el diseño de una gobernanza fiscal más restrictiva como contrapartida. En todo caso, la Comisión propone la “constitucionalización” de ambos Tratados con varias reinterpretaciones para permitir un mayor control democrático y facilitar, por otra parte, el uso de financiación europea en futuras crisis.

Por otra parte, la Comisión propuso reformar la gobernanza de la zona euro. Para ello, el ejecutivo comunitario apostó por unificar la presidencia de Eurogrupo y la cartera de Hacienda de la Comisión, al igual que en España el ministro de turno dirige también el Consejo de Política Fiscal y Financiera, con rendición de cuentas plena ante el Parlamento Europeo. Quizá haya quien vea aquí apenas unas disputas institucionales o legales, pero la revisión de la arquitectura de poder y de control es básica para garantizar la legitimidad de la política presupuestaria.

Y, por último, la Comisión propuso el diseño de un nuevo presupuesto de la zona euro, si bien, en este caso, sólo se adelantaban algunas ideas a la espera de una concreción mayor para este mes de mayo. Este debate se une así a la negociación sobre el marco financiero del conjunto de la UE a partir de 2020, a partir de la propuesta conocida ayer miércoles.

Pues bien, el gobierno español publicó un documento sin pulso europeísta. El papel de Rajoy evita cualquier posición sobre la gobernanza de la zona euro, no entra a discutir la constitucionalización del Tratado Fiscal y en la reforma del MEDE no introduce aportación alguna. Asimismo, en el debate sobre el presupuesto de la zona euro realiza dos propuestas muy menores: activar con mayor facilidad la financiación del BEI (de donde procede el actual ministro de Economía) y crear un rainy day fund, concreción alguna. De este modo, el texto apenas se queda en proponer concluir las negociaciones del seguro de depósitos europeo, que está bloqueado en el Consejo desde su propuesta en 2016, lo que está dificultando a su vez la negociación en la que estamos en el Parlamento Europeo. Pero además la propuesta española se olvida de introducir reivindicaciones clásicas de nuestro país, como los eurobonos o la creación de un activo libre de riesgo europeo, conformado así un texto global sin ningún tipo de ambición y más modesto que la hoja de ruta de la propia Comisión.

Estamos, pues, ante un gobierno que ha renunciado a respaldar la posición de otras economías del sur, que tras el actual liderazgo de Francia, están intentando mover la tradicional posición alemana. Un gobierno que no sólo ha dejado de representar los intereses de nuestro país, sino que además ha renunciado a coliderar la reforma del euro. La apatía y la falta de pulso de Mariano Rajoy alcanza todas las áreas de gobierno.

Dejar un comentario

  • Suscríbete a mi Blog
    Si quieres recibir mis posts en tu email, rellena por favor tus datos en el siguiente formulario






    la dirección de correo a la que llegarán los emails.

    Ver política de privacidad y aviso legal