Navia en Europa

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 15 de febrero de 2017

El Parlamento Europeo estableció hace años un sistema para que los ciudadanos puedan visitar nuestra institución. Cada diputado cuenta con un número de invitaciones anuales y el Parlamento se hace cargo de los gastos de viaje y estancia. Es un mecanismo sencillo aunque difícil de gestionar para los diputados porque siempre hay muchas personas interesadas, lo que indica también que, a pesar de todo, Europa continúa interesando.

En una ocasión, recibí a un grupo de visita de Asturias en Estrasburgo y antes de la reunión en la salas del Parlamento donde les esperaba, en el paseo previo acompañados por uno de mis colaboradores, uno de los invitados le preguntó justo cuando les señalaba el edificio circular dónde están nuestras oficinas: “¿Y qué más privilegios tienen los diputados?”

La verdad es que el discurso sobre los supuestos privilegios de los políticos, por supuesto, amplificado para los miembros del Parlamento Europeo ha perfilado un imaginario en el que hasta tener un despacho parece una prerrogativa cuestionable.

No deseo combatir este asunto en esta columna. No es el momento, ni el lugar pero ya me fui haciendo a la idea de afrontar este tipo preguntas cuando en la campaña electoral, en una de mis primeras entrevistas radiofónicas, yo neófito en esas lindes, hube de responder a una pregunta en la que se me interrogaba sobre qué iba a hacer yo, aún en la treintena, con el sueldo de eurodiputado. Eludía la respuesta como pude, algo ruborizado porque no deseaba comentar mi trayectoria profesional previa, ni mi sueldo en el sector privado, ni los problemas que anticipaba para reengancharme a la vida civil, dejando la profesión en un momento central de cualquier trabajador.

En fin, hace algunas semanas, y como fruto de las más de ocho horas semanales que suelo echar en los aeropuertos y en los aviones sufrí una lumbalgia que me dejó una semana en la cama. Tras la recuperación, el médico me aconsejó hacer algo más de deporte, hábito muy saludable al que lamentablemente no había prestado la atención necesaria.

Esta personal introducción viene al caso de la aprobación por parte del Parlamento del informe “Un enfoque integrado de la política del deporte: buena gobernanza, accesibilidad e integridad”. El documento elabora una serie de recomendaciones para los Estados miembros, pero también para el resto de unidades administrativas que tienen bajo sus competencias la promoción del deporte. En este sentido, el Parlamento insiste en la necesidad de impulsar el deporte en todas las edades, prestando especial atención a la igualdad género pero también a los problemas de participación de muchas personas con algún tipo de incapacidad. Apuesta por desarrollar y promocionar el deporte de base y de la ejemplaridad que debiéramos esperar del deporte profesional.

A esta misión responde los esfuerzos de muchos ayuntamientos en Asturias, pero me permitiré destacar al municipio de Navia, que ha presentado recientemente su candidatura al premio de Villa Europea del Deporte. Su alcalde, Ignacio García Palacios, ha logrado presentar una candidatura muy competitiva, apoyada por todo el consistorio y por la sociedad civil que cuenta con todo mi respaldo. En los próximos meses, un equipo evaluador visitará el municipio y estoy esperanzado en que en la velada de entrega de los premios, el próximo noviembre, contemos con una nutrida delegación naviega para recoger la bandera europeo en nuestro Parlamento.

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