20Abr
2018
Escrito a las 5:16 am

Artículo publicado en La Nueva España el 20 de abril de 2018

La “democracia occidental” está asediada. El equilibrio de poderes, el respeto a las minorías, el diseño de un conjunto de principios no sujetos a mayorías electorales puntuales, la libertad individual, el derecho a la privacidad, y otros tantos valores fundamentales se encuentran en entredicho. Al otro lado del Atlántico, la Administración Trump, más allá de sus extravagantes políticas, está en el centro de una investigación por sus supuestas conspiraciones electorales. Al este, en Rusia, Putin lidera una dictadura plebiscitaria. Y al otro lado del globo, China sigue creciendo, aumentando su espacio de influencia sin ninguna transición política que no sea la permanencia del régimen autoritario. La victoria del orden liberal se ha evaporado, y Europa está sola, en mitad de la tierra, y con quintacolumnistas internos en Hungría o Polonia.

Así empezó, literal o no, el discurso de Emmanuel Macron ante el Parlamento Europeo el pasado martes. Una comparecencia que levantaba una gran expectación en Estrasburgo tras su victoria electoral en Francia blandiendo la bandera europeísta, en un país que da nombre al chovinismo, y contra la candidatura ultra-nacionalista de Marine Le Pen.

Después de esta declaración de principios, innecesaria hace tan sólo una década y ahora en el centro del debate político global, Macron pasó a defender la construcción de una nueva soberanía europea, cooperativa y complementaria de las soberanías nacionales, impotentes ya ante los nuevos retos del cambio climático, la globalización económica y financiera, la digitalización y la revolución tecnológica, o la seguridad y la paz.

Y desde aquí entró ya de lleno en los debates concretos que nos ocupan en las instituciones europeas: la regulación de los ETS, directivas sobre energías limpias o economía circular, negociaciones comerciales, revisión de Basilea IV, marco financiero tras el Brexit, reforma de la zona euro, agenda digital, protección de datos, sistema común de acogida a refugiados, etc.

Así pues, Macron elabora un discurso desde lo global a lo más concreto, conducido todo ello por una apuesta europeísta en la que muchos nos sentimos reconocidos aunque tengamos, obviamente, distintas sensibilidades ideológicas hacia donde orientar este proyecto.

Tras su intervención se abrió un debate de más de dos horas con los diputados de la cámara que, sin distinción de rango o nacionalidad, fueron confrontando, discutiendo o aportando distintas visiones a la situación de la Unión y sobre el futuro de Europa. Una comparecencia viva, dinámica, que dignifica al Parlamento como la sede de la “soberanía europea”, esa capacidad de acción colectiva en permanente construcción.

Sin embargo, más allá de las buenas palabras, queda la concreción de los hechos. La intervención en Siria del pasado fin de semana, en cooperación con Estados Unidos y el Reino Unido adoptada e impulsada fuera de los foros multilaterales y de la propia Unión, aun cuando el uso de armas químicas por parte de Bashar al-Ásad no puede pasar inadvertida, no supone el mejor inicio en ese impulso de la “soberanía europea”. Por otra parte, la directiva de conciliación de la vida laboral y personal se encuentra bloqueada ante la negativa del gobierno francés en el seno del Consejo. Y, por último, el debate sobre la reforma del euro sigue sobre la mesa y, aun cuando la negociación franco-germana resulta clave, el futuro no se agota en esos dos países, y ahí también se juega esa “soberanía europea”.

En fin, Macron mantiene ese espíritu kennediano, reformista y cosmopolita, y todos los europeístas nos congratulamos de tener en el Eliseo un socio potencial, aun a pesar de las diferencias en muchas políticas concretas. La cuestión es que el tiempo pasa y necesitamos avanzar. ¡Veremos!

Artículo publicado en El Comercio el 18 de abril de 2018

Tomo prestado para encabezar este artículo un título de Francisco Carantoña, nuestro Till, inolvidable director de este diario y santo patrón del periodismo regional. Lo hago, abusando de la licencia, con una alteración. Y es que Till, con ironía contagiada de una muy gijonesa coña marinera, hacía referencia a unos singulares “héroes” que, en avanzado estado de embriaguez, amenizaban melódicamente la noche a los viandantes en la plaza de los Mártires en un ya lejano 1966. Pero yo quiero hablarles de auténticas heroínas. En femenino y sin comillas.

Y es que Elena, Judit, Sara Lolo, María, Marta, Anna, Julieta, Nuria, Andrea, Sara Roces o, lo que es lo mismo, el equipo del Hostelcur Gijón de hockey, son auténticas heroínas. No solo por sus hazañas deportivas. Aunque no puede calificarse de otro modo su brillante palmarés, en el que refulgen, nada más y nada menos, cinco Copas de Europa. Son heroínas, sobre todo, por su ejemplaridad. Por un trabajo basado en la pasión y en el esfuerzo, en el rigor y en la ambición. Una ejemplaridad que comparten con un numeroso y siempre sufrido deporte amateur asturiano, especialmente el femenino. En esta Asturias que se debate entre un mundo de ayer y el mundo del mañana, su ejemplo de trabajo, esfuerzo, ilusión y éxito es algo que nos beneficia a todos nosotros.

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Para finalizar esta Semana Verde, visita el Museo de Bellas Artes de Asturias para conocer la donación de 30 nuevas obras de Plácido Arango. Una aportación que redondea un equipamiento fantástico. Además, hasta junio podremos disfrutar de la muestra itinerante del Prado sobre arte y mito. Un lujo de recorrido acompañado por el director del Museo y su equipo.

06Abr
2018
Escrito a las 7:56 am

De 30 a más de 1.000 trabajadores en trece años. DXC, la empresa proveedora de servicios informáticos que visité ayer en Avilés,  es un ejemplo y un lujo para Asturias.

Sin embargo, ya por la tarde, contra-ejemplo ante los graves problemas de los vecinos de Sograndio con la cantera cercana.

 

 

 

 

05Abr
2018
Escrito a las 7:33 pm

La jornada del miércoles se iniciaba conociendo Adele Robots., una de las empresas punteras de Asturias en un sector tan prometedor como el de la robótica.

Y de la innovación a la investigación agraria en el Serida, una institución que ha estado durante décadas al servicio del desarrollo del mundo rural en Asturias.

Finalmente, un honor poder saludar a las integrantes del equipo femenino de hockey sobre patines del Hostelcur Gijón, ¡ cinco veces campeón de Europa! ¡Todo un ejemplo de tesón y compromiso!

 

 

 

Escrito a las 7:23 pm

Artículo publicado en La Nueva España el 5 de abril de 2018

El nuevo paradigma tecnológico ofrece prometedoras oportunidades para Asturias. Después de más de un siglo de concentración de la población en las zonas urbanas tras el impulso de la revolución industrial, primero, y la de servicios, después, la actual revolución digital va a suponer una profunda revisión de las tendencias demográficas. Asturias afronta esta nueva era en un posición positiva, pero pendiente de toma de decisiones claves en este entorno global.

Por una parte, la región debe articular ya el área metropolitana. El pasado lunes me reunía en mi Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales con el profesor Fernando Rubiera, coordinador del Laboratorio de Análisis Regional Económica Regional (REGIOlab). Me decía Rubiera que por debajo de los 500.000 habitantes, las zonas urbanas no desarrollaban las potencialidades necesarias para disparar las economías de escala y de aglomeración que introducen a las ciudades en círculos virtuosos de crecimiento, pero por encima de esa cifra comenzaban a aparecer desconomías vinculadas a la congestión, como el tráfico, la contaminación o los costes logísticos. De este modo, la zona central de Asturias se encuentra a en una posición envidiable en la medida que una buena organización del área metropolitana podría aprovechar las oportunidades de ese entorno con 800.000 personas, pero organizadas en distintos centros urbanos que evitaran los efectos negativos de esa concentración.

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