22Jun
2017
Escrito a las 10:31 am

Artículo publicado en el diario El Comercio el 22 de junio de 2017

Esta semana recibía a un grupo de estudiantes del Instituto de Roces de Gijón. La mayoría era la primera vez que cruzaban los pirineos. Mientras les hablaba, intentando engancharles con la historia de éxito que ha supuesto Europa y las oportunidades que ha generado para todos, caía en la cuenta en que estos jóvenes siempre habían pagado en euros, en sus planes ya está realizar una beca erasmus y manejan perfectamente las ya no tan nuevas tecnologías. En ese mismo momento, mi mente también estaba en el Hotel Reconquista de Oviedo donde se iniciaban las deliberaciones del Jurado del premio Princesa de Asturias de la Concordia 2017 en la que competía la candidatura de la Unión Europea a iniciativa mía y de otros asturianos en el exterior, fundamentalmente de Diego Canga, actual jefe de gabinete de Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo y gran valedor de la ciudad de Gijón.

Este miércoles 21 de junio de 2017, la Fundación Princesa de Asturias ha anunciado la concesión del premio a la Unión. Atrás han quedado varios meses de gestiones en las que hemos reunido un gran número de apoyos, donde hemos constatado que a pesar de cuestiones como la crisis de los refugiados donde la UE no está siendo capaz de doblegar a los Estados Miembros, el proyecto europeo sigue despertando una gran ola de exigente ilusión y en los que hemos chequeado la necesidad de que Europa vaya adoptando cada vez más un cariz social, olvide los egoísmos nacionales y destierre los populismos, tal y como han ido haciendo en las últimas contiendas electorales franceses, austriacos y holandeses.

Estoy seguro de que este premio contribuirá a renovar la confianza de los ciudadanos en el proyecto de integración en clave federal, en un momento en el que necesitamos del mejor aire puro asturiano de unos premios cada vez más universales y a impulsar el trabajo de las instituciones europeas para alcanzar una Unión más sensible y cercana a sus ciudadanos. La Europa que sueñen los chavales del Instituto de Roces no es exactamente igual a la que imaginaron los padres fundadores pero ambas deben contemplar la prosperidad, la paz y los valores de convivencia que hacen de nuestro continente el mayor espacio de libertad del mundo.

Artículo publicado en La Nueva España el 22 de Junio de 2017

A principios de enero, almorzaba con Diego Canga, entonces en la Comisión Europea, en un restaurante germano a medio camino entre el Parlamento y la sede del ejecutivo. Nos habíamos cruzado en varias ocasiones en los aeropuertos, le había regalado mi libro “Una alternativa progresista” y nos habíamos emplazado a comer en alguna ocasión. Aquel día ya se rumoreaba que podría moverse al gabinete del recién elegido Presidente del Parlamento, Antonio Tajani, noticia que me confirmó rápidamente.

En el almuerzo, mientras dábamos cuenta de un schnitzel, una especie de “cachopo” alemán (nada que ver con los asturianos) fuimos saltando de un tema europeo a otro, hasta que Diego me dejó caer la idoneidad de que la Unión Europea compitiera este año por el Premio de la Concordia de la Fundación Princesa de Asturias. Ambos coincidimos en que el 60 aniversario de los Tratados de Roma era una buena efeméride que celebrar. Pero, además, ese reconocimiento, en estos momentos de tribulaciones, debería suponer una inyección de esperanza para el proyecto europeísta. El acto de entrega de los Premios, a mediados de octubre, un mes de después de la elecciones alemanas, se perfilaba también como un momento clave en el calendario, en la medida que todos estamos anhelando ese relanzamiento de la Unión para finales de año.

La idea quedó en el aire, el trabajo diario nos fue absorbiendo a ambos, pero justo 48 horas antes del cierre del periodo de presentación de candidaturas, me vino a la cabeza aquella conversación y sin demorarme más, presenté el proyecto de la Unión a los Premios. Hubiera preferido que esa presentación hubiera tenido un respaldo coral, pero el tiempo apremiaba. Así, que me lancé y me comprometí a buscar apoyos en una campaña universal.

Informado Diego, ambos iniciamos la búsqueda de respaldos. La asociación Compromiso Asturias XXI resultaba una buena plataforma para esa misión, que Diego activó convenientemente. Yo me centré en el entorno político, europeo y nacional, y en el mundo empresarial y cultural. Rápido comenzamos a recibir esos apoyos, con un entusiasmo inusitado. Todos compartíamos el momento delicado de la Unión, pero también creíamos que ese premio debería reconocer los valores y principios del proyecto europeísta. Podía representar un acicate para que la Unión avance de una vez en temas permanentemente pospuestos o muy mal resueltos por los Estados miembros, como el sistema de acogida a los refugiados, que la Comisión y el Parlamento impulsó aunque siempre con la distancia de los gobiernos nacionales, que lo han bloqueado hasta hoy.

En fin, finalmente la Fundación ha decidido otorgar el Premio a la Unión. En fin, finalmente la Fundación ha decidido otorgar el Premio a la Unión. Lo celebro y agradezco a todos los apoyos su respaldo en este proceso, así como al Jurado y al conjunto de la Fundación.

Nos queda ahora aprovechar este tiempo para hacer de la ceremonia de entrega un reconocimiento a los valores europeos. Una gran oportunidad también para mostrar a nuestra Asturias al mundo, para tejer alianzas dentro de Europa que nos sirvan de plataforma de crecimiento y para mirar más allá, en un momento clave para resituar nuestro proyecto de futuro. Lo conseguiremos.

 

Jonás Fernandez: “El Princesa de Asturias puede ser el relanzamiento de la UE”

La Fundación Princesa de Asturias concedió ayer su premio de la Concordia a la Unión Europea por su contribución al “más largo período de paz de la Europa moderna” y por difundir “valores como la libertad, los derechos humanos, y la solidaridad”, valores que “proyectan esperanza hacia el futuro en tiempos de incertidumbre”.

El galardón llega en uno de los momentos más duros para la UE, días después de que comenzara la negociación del ‘Brexit’ y sumida en una profunda división por el reparto de refugiados o el auge del euroescepticismo. “Aceptamos en nombre de la Unión Europea este prestigioso galardón y agradecemos el reconocimiento y el gran honor que nos llega de España, aseguraron en un comunicado conjunto el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker; el del Consejo Europeo, Donald Tusk; y el de la Eurocámara, Antonio Tajani.

Uno de los grandes responsables de la concesión es Jonás Fernández (Oviedo, 1979), un joven eurodiputado socialista que lanzó y movió la candidatura con la esperanza de “devolver la moral a la UE” en sus tiempos más bajos. “Todo se remonta a una comida a principios de enero con Diego Canga, ahora jefe de Gabinete de Tajani. Fue su sugerencia. Dos días antes de acabar el plazo presenté la propuesta formal. Buscamos apoyos entre personalidades europeas, antiguos cargos de la UE, personas del mundo empresarial, social y de la cultura, y parece que fueron suficientes”, explica muy satisfecho Fernández a EL MUNDO.

El joven socialista, muy activo en la Comisión de Asuntos Económicos, cree que a menudo “se olvida que vivimos dos guerras civiles en el siglo XX y que ahora tenemos libertades individuales, derechos sociales, un estado de bienestar y una economía social y mercado envidiables. Seguimos siendo el espacio geográfico y la unidad política donde merece más la pena vivir”.

El anuncio del galardón ha recibido críticas de quienes reprochan a la UE pasividad o falta de empatía. “Las políticas de austeridad, la crisis de refugiados, los problemas de seguridad, ‘Brexit‘… han generado un incremento de nacionalismos y populismos. Hemos ido pudiendo solventarlo en las citas electorales, pero más pronto o más tarde tendremos que abordar las causas de esa desafección creciente”, asegura.

Fernández cree que el Princesa de Asturias puede ser catártico. “El premio es al proyecto, a los valores europeos. Confiamos en que tras las elecciones alemanas en septiembre vivamos un relanzamiento de la UE. El premio recoge no sólo 60 años de paz, sino que intenta, o así lo pensé, ser un aliciente para hacer de la ceremonia en Oviedo a finales de octubre el inicio de ese relanzamiento”, señala.

El eurodiputado cree que es necesario romper una lanza por la UE y dejar claro de qué es responsable y de qué no. “Los últimos años han sido malos y los más jóvenes sólo hemos visto eso. Es necesario reenganchar a las nuevas generaciones, las que tienen Erasmus, libertad de movimientos, hacerles llegar que ese espacio es gracias a la UE”.

Sin duda la situación de los refugiados es uno de los elementos más difíciles de la actualidad en Europa. Lo que ha provocado más división. “En crisis como la de los refugiados hay una confusión en torno a la responsabilidades. La Comisión y el Parlamento Europeo, en los dos últimos años, han propuesto sistemas de acogida, y han sido los Estados los que han bloqueado. El Gobierno español sigue sin cumplir los objetivos marcados incluso siendo poco ambiciosos”, lamenta. “La opinión pública ha culpado a Europa y ha aumentado el escepticismo, cuando en realidad debería haber aumentado el europeísmo“, concluye.

http://www.elmundo.es/internacional/2017/06/22/594ab8abca4741d5568b45a8.html

20Jun
2017
Escrito a las 7:56 am

Artículo publicado en el diario “Expansión” el 20 de junio de 2017

El Banco Popular ha pasado a mejor vida tras la intervención de la entidad y su inmediata venta al Santander por parte del Mecanismo Único de Resolución (MUR). El proceso se ha resuelto sin el uso de dinero público (más allá de los créditos fiscales del Popular) y parece que todas las autoridades envueltas en la operación han cantado victoria. Sin embargo, esta intervención deja interrogantes que se deben clarificar.

Si tomamos por bueno el relato oficial, el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), hasta el momento de la resolución, y la Autoridad Bancaria Europea (ABE), a la vista de sus últimos test de estrés, mostraban que el Popular no sufría problema alguno de solvencia, tan sólo estábamos ante tensiones de liquidez. Ahora bien, en las últimas semanas, la fuga de depósitos de la entidad habría acabado por generar un auténtico problema de solvencia, que impidió sostener y ampliar los apoyos de liquidez para proceder a una venta ordenada. El informe elaborado por Deloitte en esos días, que situó la cifra de provisiones necesarias adicionales en una horquilla de 2.000-8.000 millones de euros, acabó por precipitar la intervención. Informe, por cierto, del que no conocemos su contenido. Resulta, por tanto, pertinente preguntarse qué disparó esa acelerada pérdida de liquidez hasta precipitar una crisis de solvencia.

La actuación del Presidente del Banco Popular, Emilio Saracho, especialmente en la última Junta de Accionistas no ayudó a esa venta ordenada en condiciones de mercado (amén de la gestión de la dirección previa), pero la entrevista de la presidenta del MUR, Elke König, el 23 de mayo en Bloomberg, confirmando que el Banco Popular estaba en su “lupa” acabó por disparar todas las alarmas. Esas declaraciones, que rompen la discreción necesaria en cualquier autoridad bancaria, seguidas por una noticia en Reuters el 31 de mayo con rumores adicionales fueron objetivamente centrales en la salida de capitales. Desconocemos si hubiera sido posible un desenlace de la crisis del Popular menos gravoso para los inversores (y empleados) y sin efectos negativos sobre la estabilidad financiera, pero de haberla, solamente hubiera sido factible sin esas declaraciones de König. Por ello, si esta ha sido la sucesión de los hechos, queda pendiente una explicación clara por parte del MUR, porque tendrá que responder en cualquier caso ante las demandas judiciales anunciadas.

Hay, en todo caso, otro escenario posible que pasa por dudar de la solvencia del Popular, antes incluso de los últimos movimientos financieros. No se explica, de otro modo, la inacción de las autoridades públicas porque, ante un problema exclusivo de liquidez, éstas disponían de herramientas suficientes para atajarlo, a la espera de que el proceso de venta ordinario se resolviera. Cabe preguntarse si sospechaban de esos problemas de solvencia, mientras repetían públicamente que sólo había tensiones de liquidez. Bajo esta posibilidad, estamos a la espera de una explicación convincente del MUS y de la ABE. Pero también, podría haber habido una ocultación por parte de los gestores del Popular del verdadero estado de su balance. Dudas que se amplifican ante la colocación en la última ampliación de capital de acciones pignoradas, así como por las malas praxis en la colocación del capital convertible y deuda híbrida a minoristas. Así pues, si hubiera habido un problema de solvencia previo, la cuestión se agrava, porque la entidad podría haber recibido una recapitalización preventiva, como en Monte di Paschi, dando lugar a una resolución con menores costes, si el proceso de venta se hubiera podido concluir de una manera normalizada.

En todo caso, esta resolución pone sobre la mesa las fallas del actual estado de la unión bancaria. Si tras la intervención no hubiera aparecido comprador, el bail in habría llegado a la deuda senior y, con ello, a los depósitos no cubiertos; y el dinero disponible en el Fondo de Resolución, todavía compartimentado por países, no hubiera sido suficiente. En ese escenario, las turbulencias financias podrían haberse llevado por delante a varias entidades más. Por ello, resulta vital impulsar ya un fiscal backstop para el conjunto de la unión bancaria. Además, debemos cerrar ya la negociación en el Consejo y en el Parlamento para adoptar un seguro de depósitos común. Acuerdo que está encontrando innumerables trabas por parte de Alemania, así como por la posición oficial del PP en el Parlamento Europeo, con independencia de la opinión de los populares españoles.

Pero además la intervención y subasta han abierto adicionales problemas de riesgo moral, con incentivos perversos, ante futuras crisis bancarias. Cualquier inversor estaría tentado de esperar a la subasta del MUR, no sólo para adquirir un banco a menor precio, sino también para endosar la responsabilidad jurídica a la autoridad pública ante posibles demandas.

En fin, el Banco Popular se ha resuelto sin dinero público. Primer objetivo cubierto. Pero tampoco es motivo de alegría que 300.000 ciudadanos pierdan toda su inversión con efectos negativos externos adicionales sobre otras entidades, pudiendo haber alternativas menos extremas para abordar la situación. Pero para evaluar correctamente esas otras opciones, necesitaríamos un diagnóstico menos difuso de los problemas. ¿Liquidez o solvencia? Quedan aún, por tanto, muchos interrogante sobre esta resolución y retos por delante para lograr un unión bancaria eficiente.

 

15Jun
2017
Escrito a las 8:12 am

Artículo publicado en mi sección quincenal “Tarjeta Azul” de La Nueva España el 15 de junio de 2017

El Reino Unido ha votado y el resultado ha configurado un parlamento con dificultades notables de gobernabilidad, especialmente en el marco de la negociación del Brexit. Si el resultado del referéndum ya abrió multitud de incógnitas, en la medida que cristalizó un país profundamente dividido, social y territorialmente, con dificultades evidentes para conformar una plataforma firme de negociación (recordemos que el 48,1 por ciento de los británicos votaron por el remain), estas elecciones han amplificado esos problemas. Sin duda, se podría pensar que un Reino Unido dividido supone una baza en la negociación, pero tener un interlocutor con autoridad, para bien o para mal, es absolutamente necesario para el periodo que se abre.

Theresa May convocó unas elecciones innecesarias. El Partido Conservador tenía una mayoría absoluta en Westminster. Sin embargo, la Primer Ministra prefirió adelantar los comicios para ganar autoridad, especialmente en el seno de su partido, y ampliar espacios de maniobra en la negociación. Hay quien dice que May aspiraba con el discurso del Brexit duro a lograr una mayoría amplia para negociar después una salida más blanda, que podría liderar con ese amplio apoyo popular. El resultado no ha podido ser peor para sus intereses, fuera ese u otro sus auténticos objetivos. La Primera Ministra ha perdido cualquier tipo de gravitas, su Partido está aún más dividido y tendrá que negociar una mayoría parlamentaria con los protestantes de Irlanda del Norte, el Partido Democrático Unionista, una formación ultra-conservadora heredera de los discípulos del reverendo Ian Paisley. Por otra parte, el laborismo de Corbyn ha logrado elevar sustancialmente su apoyo y veremos qué papel juega en la negociación del Brexit.

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Participé en Madrid en la ceremonia de entrega de diplomas a las “escuelas embajadoras del Parlamento Europeo“, que organiza la Oficina de la institución en España. Un honor compartir en este interesante programa con los europeístas del futuro.