16Nov
2018
Escrito a las 10:15 am

Esta semana de pleno ha estada marcado por el acuerdo sobre el Brexit, entre el Reino unido y la Unión europea. El mayor compromiso es la estancia del Reino Unido en la unión aduanera.

También hemos contado con la comparecencia de la Canciller alemana, Angela Merkel, sobre el futuro de la Unión europea. Ha apoyado la unión de la defensa con un ejército europeo. Los socialistas le pedimos mayor apoyo a las propuestas de la Comisión, para seguir avanzando en esa unión.

En el plano legislativo, hemos aprobado las grandes lineas para el marco financiero 2021 – 2027, donde la apuesta socialista se centra, entre otros, en las políticas sobre migración, cohesión social o el apoyo a la juventud.

Artículo publicado en La Nueva España el 15 de noviembre de 2018

Angela Merkel comparecía el pasado martes ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo. Su intervención parecía el inicio de un largo epílogo tras anunciar hace unas semanas que abandonaría la política germana al finalizar esta presente legislatura. Sin embargo, aún le quedan en principio tres años por delante en la Cancillería, por lo que no deberíamos adelantar valoraciones globales sobre su legado. Es cierto que parece difícil que pueda mantenerse en el poder durante toda esta legislatura, que casi acaba de empezar, si los resultados electorales siguen sin acompañar a su partido CDU), ni a sus socios (SPD y CSU). En este sentido, las elecciones europeas del próximo mayo podrían llegar a ser determinantes.

El discurso de Merkel estuvo dotado de una notable pasión europeísta, permanentemente interrumpida desde las filas eurófobas. La Canciller asumió con deportividad estas intrusiones, afirmando que ella también es parlamentaria y conoce estas prácticas de distracción. Después de realizar una declaración de principios, muy al calor de los actos del pasado fin de semana en recuerdo de la I Guerra Mundial, la intervención de la Canciller se centró en tres grandes áreas, que fue detallando de mayor a menor concreción.

En primer lugar, la Canciller apostó por un desarrollo más ambicioso en la política de seguridad y exterior común, llegando a considerar prescindible el actual requisito de la unanimidad para cualquier decisión. Pero además marcó claramente el objetivo a medio plazo: el desarrollo de un ejército plenamente europeo, como garantía del fin de la guerra entre nosotros, y elemento central de una autonomía estratégica de la que Europa, y los propios Estados miembros, carecen. Para ello defendió los avances en la cooperación estructurada permanente que ya está funcionando, el desarrollo más ambicioso de las fuerzas de intervención rápida, la provisión coordinada, y un largo etcétera de compromisos, culminado con la creación de un Consejo de Seguridad Europeo. Estas propuestas siempre han estado en el frontispicio de los avezados federalistas y parece que se abre una ventana de oportunidad. No obstante habrá que medir y valorar convenientemente las apuestas de inversión en estas áreas que, sin duda, compiten en atención con otras, como ya estamos observando en la negociación del marco financiero plurianual 2021-27. En todo caso, en este área de política de seguridad y exterior, Merkel mostró un grado de concreción y empuje nítido.

En segundo lugar, Angela Merkel se centró en el área económica y fiscal, y en la reforma de la zona euro. Debo decir que en este apartado fue bastante menos concreta. Saltó del reconocimiento al presidente de la Comisión Juncker por el funcionamiento del Fondo Europeo de Inversiones Estratégicas, a una rápida mención a la unión bancaria, que su propio gobierno está bloqueando en el Consejo. Pocas cosas nuevas, ni compromisos a la vista sobre una multitud de dossiers, que como con el seguro de depósitos, está siendo ralentizado desde Berlín. Anunció futuras propuestas conjuntas con Francia en el ámbito presupuestario, respaldó livianamente el impuesto digital y pronunció unas cuantas frases sobre la inteligencia artificial y la innovación como motor de la economía a medio plazo.

Por último, Merkel hizo referencia a las crisis de refugiados y a la política de asilo. En este bloque, defendió primero la cooperación con África, el desarrollo de Frontex como herramienta contra el tráfico de personas, y la puesta en marcha de un sistema común de asilo. Buenos propósitos, pero plagados de incongruencias y dificultades en el seno del Consejo Europeo.

Igual de interesante que su intervención lo fue después la de Juncker, que con un tono bajo (como casi siempre) aplaudió sus compromisos, pero le reprochó que no apoyara más las propuestas concretas de la Comisión. El líder parlamentario del partido popular europeo (PPE), Manfred Weber, aprovechó el debate inadecuadamente para realizar anuncios electorales de su candidatura a liderar la Comisión, y el portavoz del grupo socialista, Udo Bullmann, se mostró distante pero a la vez ofreciéndole un espacio donde trabajar frente a las fuerzas antieuropeas.

En todo caso, y más allá de las críticas a la Unión del portavoz de la derecha euro-escéptica, el polaco Legutko, y la defensa federalista de Guy Verhofstat, el debate tuvo un detalle que muestra la belleza de la Unión. La líder del grupo de la izquierda unitaria, Gabriele Zimmer, se permitió dar algunas lecciones de democracia a la Canciller: ambas nacieron y vivieron en la Alemania comunista, una como hija de un pastor protestante centrada en su educación, la otra como miembro y dirigente del antiguo partido comunista único. Ambas compartían parlamento el pasado martes en una Europa unida.

Sin duda, el debate con Angela Merkel sonó a despedida aunque sería prematuro realizar una valoración global de su mandato, marcado por la crisis económica primero y la de refugiados después. Obviamente me distanció notablemente su comportamiento durante la recesión y me solidarizó más con su respuesta a la crisis de los inmigrantes. Pero estamos aún pendientes de esa apuesta tan serena pero tan fuerte por el desarrollo de esa autonomía estratégica de la Unión en materia de defensa y política exterior. Veremos.

 

Este miércoles participé en Madrid en las II jornada de titulización organizada por el periódico Expansión. Esta jornada se centraba en analizar los retos y oportunidades del nuevo entorno.

Trabajé el año pasado en este proyecto como ponente del grupo socialista (S&D) en el Parlamento europeo, y me satisface que se haga realidad con su entrada en vigor el 1 de enero. Logramos que este instrumento financiero se regulara de manera más eficaz y con mayor supervisión por la autoridad bancaria europea. Asimismo creamos un producto menos complejo y con menor riesgo, la titulización “simple, transparente y normalizada”.

Si te interesa saber más sobre el tema de titulizaciones, te recomiendo que leas el breve informe que se preparó en su día en el Parlamento.

Euroconexión es un programa de Onda campus de la Universidad de Extremadura, para el proyecto de la Asociación de radios universitarias de España y el Parlamento europeo.

Hablé con ellos sobre las elecciones europeas 2019 y la propuesta socialista para los jóvenes. Aproveché para pedir a los jóvenes más activismo militante en defensa de la democracia y el estado de bienestar.

También comentamos el cierre de la multinacional Alcoa y de las políticas que implica este tipo de noticias en relación con el empleo.

Puedes escuchar toda la entrevista la web de Euroconexión..

Hoy he mantenido una entrevista telefónica con el periodista Ignacio San Ramon, del periódico Cinco Días. Le estuve contando el trabajo que realizamos desde el comité de asuntos económicos y monetarios para reducir y armonizar  las comisiones de los pagos transfronterizos , cuando éstos no son en euros pero se realizan en países de la Unión europea. El comité votó a favor del informe, y pasará en los próximos meses a aprobación por el pleno del Parlamento europeo.

Os dejo su artículo “Europa da el primer paso para reducir las comisiones de los pagos transfronterizos”, publicado hoy en Cinco Días.

 

Artículo publicado en La Nueva España el 2 de noviembre de 2018

El próximo año, Italia deberá pagar una cantidad superior a la inversión en educación, en intereses por su deuda pública. Repito. Con el 130 por ciento de deuda pública, el servicio de ese pasivo, es decir los intereses, superará a la partida de educación. Quizá con esta sencilla imagen se pueda explicitar mejor el debate sobre el proyecto de presupuestos que el gobierno de Salvini y DiMaio han presentado recientemente.

El modelo democrático del mundo occidental está sufriendo tal crisis que resulta necesario insistir en lo básico: nuestro sistema no sólo garantiza el gobierno de la mayoría, sino esencialmente el respeto a los derechos fundamentales y, por tanto, el respeto a las minorías. De este modo, tan relevante es Rousseau como Montesquieu, quien ideó el reparto de poderes entre ejecutivo, legislativo y judicial, como base del respeto a las libertades de todos y cada uno de los ciudadanos. Hombre o mujer. Adulto o joven. Votante de la mayoría o de la minoría.

Asimismo, nuestras democracias se han estructurado en distintos niveles de gobierno, desde el local al europeo, donde cada uno de los poderes tiene una serie de competencias en virtud de los estatutos, constituciones o tratados que soberanamente nos hemos dado. Ambas cuestiones se encuentran ahora en discusión.

Por una parte, los independentistas catalanes creen poder saltar sobre la Constitución. Por otra, el gobierno polaco o húngaro desean incumplir los tratados que han firmado, cuando no contravenir sus propias constituciones. Y, por último, el ejecutivo italiano parece decidido a enfrentarse al ordenamiento jurídico de la Unión europea, a cuenta de su proyecto de presupuestos.

Quien enfrenta una legitimidad electoral frente a otra, sin asumir que la segunda es tan democrática como la primera; si ambas son fruto de un acuerdo “constitucional” adoptado libre y soberanamente por las sociedades en las que vivimos, no puede ser definido como “demócrata”.

Pues bien, el gobierno italiano ha diseñado unos presupuestos que no cumplen deliberadamente con los compromisos adquiridos con el resto de sus socios europeos, aquellos que compartimos la soberanía monetaria a través del euro. No se trata de una diferencia de apreciación, de unos detalles que puedan ser discutibles. El ejecutivo italiano ha presentado unos presupuestos que la actual Comisión no puede respaldar, buscando así un enfrentamiento institucional que alimente su base electoral.

En esta legislatura, la Comisión ha pasado página del mantra de la austeridad que tanto daño hizo en la primera parte de la crisis económica. En estos últimos años, y gracias a la mayor influencia socialista, se ha revisado el protocolo de aplicación del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, flexibilizando su aplicación y permitiendo a países, como a la propia Italia en el pasado, reducir su ritmo de consolidación fiscal. En Grecia, el propio Tsipras conoce bien la diferencia entre la última y la actual Comisión, especialmente gracias a la sensibilidad de Pierre Moscovici, quien ha dirigido desde la cartera de economía toda esta revisión de la política fiscal.

En esta nueva etapa se evitó rechazar los primeros presupuestos de Antonio Costa en Portugal, quien recibió en herencia un déficit fiscal en 2015 que doblaba el objetivo.,Además, la Comisión paralizó las multas o bloqueos de fondos estructurales a nuestro vecino luso y a nuestro propio país, con una presión notable de los socialistas desde el Parlamento. Por cierto, hace ahora dos años que defendí esa posición, ciertamente incómoda por los motivos del incumplimiento de España, que no fueron otros que la rebaja impositiva electoralista del PP, comportamiento que tanto contrasta con la actual conducta de Pablo Casado.

Italia tiene graves problemas estructurales que no se resuelven con más déficit, sino con un Estado sostenible tanto por el lado del gasto como de los impuestos. Resolver los problemas exige una mayor audacia que elevar el déficit por encima de los compromisos propios, sobre todo si la deuda le exige a uno más pago de interés que la inversión en educación.

En enero, el BCE dejará de comprar deuda pública. No hará falta esperar a la decisión de la Comisión el próximo mayo. Los tenedores de la deuda pública italiana le dirán en enero al gobierno cuánto esperan cobrar por las nuevas emisiones. Culpar a los mercados no evitará los problemas presupuestarios al gobierno, con reglas o sin ellas, con compromisos políticos o sin ellos. Veremos.

Me reuní esta tarde con el comité de empresa de Alcoa- Avilés en un acto en el que también participaron las eurodiputadas Ángela Vallina y Tania González.

Quise insistir a los trabajadores en que en Europa existe un espacio para reclamar y exigir que Alcoa no cierre. En este sentido, tenemos muy reciente en Asturias la experiencia de éxito de Tenecco, fruto del trabajo sindical, de la responsabilidad institucional y de un trabajo en equipo de muchas personas. Lucharemos por replicarlo.

Esta semana en Estrasburgo hemos aprobado el presupuesto para el ano 2019. Hemos votado a favor de legislar mejor la gestión de los plásticos, y la calidad del agua para el consumo humano.

En el debate político, hemos hablado de la negociación del Brexit, la situación en Arabia Saudí, y el presupuesto italiano. También, hemos contado en el Parlamento con la comparecencia del presidente de Rumanía para hablar del futuro de la Unión Europea y de la situación de su país.

Y por supuesto he llevado al Parlamento europeo, el debate del posible cierre de la multinacional Alcoa en Avilés y A Coruña.

Formulé, junto al eurodiputado socialista José Blanco, está pregunta a la Comisión Europea a cuenta de la situación de Alcoa:

La multinacional norteamericana Alcoa acaba de anunciar el cierre de dos factorías en A Coruña y Avilés, lo que implicaría, de llevarse a cabo, el despido de casi 700 trabajadores (369 en la primera y 317 en la segunda).

La situación de los sectores del aluminio y siderúrgico europeos es más que preocupante, dado que este anuncio viene a sumarse a hechos consumados como el cierre de las fábricas de Caterpillar y Alstom.

Es inaceptable que la industria pierda peso en Europa cuando uno de sus objetivos es, precisamente, el contrario: lograr elevar el peso industrial hasta el 20% del PIB en 2020.

En su comunicación de 2016, la Comisión anunciaba medidas de defensa contra las prácticas comerciales desleales para contrarrestar el efecto perjudicial del dumping (caso de la sobreproducción china), atajar las causas del exceso de capacidad mundial o modernizar la industria. Insuficientes a la vista de los sucesivos cierres.

Por ello, ¿va a proponer nuevas medidas para frenar el dumping de países como China? ¿Va a proponer nuevas medidas para atajar las causas detrás de los cierres en el sector? ¿Cuándo va a presentar una estrategia integral para el futuro de la política industrial de la UE, tal y como han reclamado Consejo y Parlamento?

En esta intervención, propongo mejoras para el programa europeo Invest EU. Sería positivo que la financiación no fuera a las inversiones sino a consumo. Se podría transformar el modelo en un sistema de desempleo que garantizase  el mantenimiento del consumo, y por tanto la automaticidad del sistema.

De lo contrario, habría que mantener algún tipo de perfil anti-cíclico, a través del uso de la garantía, de los multiplicadores, de la provisión; que permitiera a Invest EU mantener un perfil anti-cíclico para las inversiones.

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