De vuelta a las urnas

07 noviembre 2019
La nueva España 

El próximo domingo los españoles estamos llamados de nuevo a las urnas. La composición del Parlamento tras los comicios del pasado abril no ha permitido configurar una mayoría que viabilice, ni tan siquiera, una investidura. De este modo, debemos volver a votar con la esperanza, al menos de una parte de la sociedad, de disponer una mayoría parlamentaria que pueda enfrentar los retos económicos, territoriales y sociales desde una mirada progresista.

Las guerras comerciales globales, los nuevos aranceles, las incertidumbres en torno al Brexit, los riesgos geopolíticos y el agotamiento de algunas herramientas de política económica y/o la renuncia a su utilización por gobiernos nacionales relevantes, adelantan ya una ralentización de la economía europea. Aunque, de momento, España ha logrado seguir creciendo por encima del promedio europeo, no exenta de sufrir esa ralentización cuya profundidad dependerá también del marco europeo.

España sigue sufriendo los efectos lacerantes de la pasada crisis en tasas de pobreza (especialmente infantil) y desigualdad que es necesario abordar. No solo por motivos de equidad, sino también para garantizar la estabilidad de la democracia, especialemente cuando los populismos, ahora de extrema derecha, vuelven a repuntar.

Asimismo, el conflicto de convivencia democrática en Cataluña sigue marcando la agenda del país y no parece que en el lado independentista se abra vía alguna de honestidad ni pragmatismo. Se necesita, pues, en primer lugar, que los independentistas reconozcan la identidad plural de su comunidad, sin lo cual no habrá opción alguna de iniciar un diálogo, por otra parte, necesario.

Estos son solo quizá los tres grandes problemas de muy corto plazo en España, pero el país tiene que afrontar también los restos de la globalización y la digitalización, los desafíos del cambio climático, la revolución de las relaciones laborales, la crisis demográfica y su impacto también sobre el Estado de Bienestar o la reorientación del poder político al Pacifico, que puede dejar a España en la periferia de la periferia. Sin duda, estos sí son los debates transcendentes para nuestro país que tiene que superar, en todo caso, los otros problemas que nos acechan ya y sin cuya solución perderemos también los embates del siglo presente.

Pues bien, para todo ello necesitamos un gobierno con una hoja de ruta clara, un partido con equipos contrastados y experiencia, y una renovada aproximación a los instrumentos y aspiraciones del presente. Necesitamos un gobierno con una apuesta europeísta nítida, espacio donde se juegan gran parte de todos estos desafíos que exige la reconstrucción de una soberanía europea con capacidad de dirección sobre los asuntos globales, locales, glocales. No sólo elegimos al futuro gobierno de España, sino también a nuestros representantes en el Consejo y en el Consejo Europeo.

Y todo esto nos jugamos el próximo domingo, una oportunidad para reencontrarnos con el PSOE y dar continuidad al gobierno liderado por Pedro Sánchez.