Una dosis de optimismo antropológico

14 abril 2022
La nueva España 

Buscando buenos motivos para ser optimistas sobre la evolución del género humano, en estos días de recuerdo de la traición, la cobardía, y la muerte, pero también de la esperanza, quizá merezca la pena saltar un poco sobre la actualidad y buscar refugio, aunque parezca extraño, en la arqueología humana.

El ser humano, tal y como lo conocemos hoy en día, es decir, el homo sapiens, surge sobre la Tierra hace unos 200.000 millones de años. Sin duda, fijar una referencia temporal para el nacimiento de nuestra especie, habida cuenta del comportamiento de la evolución, parsimoniosa, resulta una tarea complicada. Con todo, los arqueólogos han venido a acordar esos 200.000 millones de años como el tiempo en el que los hombres y las mujeres de la actualidad han ido ocupando nuestro planeta. Esta cifra no resulta sencilla de asimilar, y tal parece que la evolución, en este caso técnica y cultural, hasta el presente haya ocupado un largo periodo de tiempo. Sin embargo, y dado que hablamos de la evolución del ser humano, esos miles de años deben ponderarse por el número de seres humanos que poblaban la Tierra en cada instante del tiempo, a fin de evaluar con mayor certidumbre nuestra capacidad de adaptación y de innovación.

Desde esa lejana fecha de hace 200.000 años hasta el nacimiento de la agricultura, en torno al año 5.000 antes de Cristo, transcurrieron algo más de 193.000 años. Tal parece que al homo sapiens se le resistió durante milenios aprender a controlar la tierra, las semillas y el agua. Ahora bien, en todo ese largo, casi infinito, periplo, el número de personas que habitó la Tierra fue ínfimo si se compara, sin ir más lejos, con los aproximadamente 8.000 millones que hoy en día habitamos nuestro planeta.

Quizá esta reflexión nos permita reencontrarnos con el talento y la inteligencia de esas personas, que tardaron mucho tiempo en aprender a plantar semillas, pero representaban a un porcentaje muy pequeño de los científicos y académicas que en la actualidad se esfuerzan por desplazar la frontera del conocimiento.

Es posible que el lector se pregunte ahora cuántos humanos han vivido hasta el presente. Pues bien, los cálculos aproximados realizados por los arqueólogos cifran la población universal del homo sapiens en torno a los 110 mil millones de personas. Durante esos 193.000 años hasta el descubrimiento de la agricultura, el 96,5 por ciento del tiempo en el que los humanos han estado presentes, fue muy bajo el porcentaje de todos los homo sapiens que pasaron sobre la Tierra. Asimismo, en la medida que la escritura y, por ende, la historia surge poco después de la agricultura, aplica a esos descubrimientos el mismo razonamiento. Muy pocos seres humanos, aunque sí largo tiempo, fueron necesarios para que, quizá por motivos contables o por cualquier otra razón, aquellas personas comenzaran a escribir.

Presentadas estas cuestiones, podemos ahora volver al año 2022. En la actualidad, pueblan la Tierra cerca de 8.000 millones de seres humanos. Este dato supone que, en estos momentos, estamos vivos en torno al 7 por ciento de todos los homo sapiens que han existido desde que surgiera nuestra especie.  Si aunamos este dato al conjunto de nacimientos desde el inicio de la Edad Moderna, parece plausible considerar que más de la mitad de la población de homo sapiens que haya vivido nunca lo ha hecho en los últimos tres siglos, periodo que desde el Renacimiento ha marcado un nuevo hito en el devenir de nuestra especie por el Universo. La sensación de aceleración de la historia que percibimos en el presente tiene más que ver con estos datos demográficos que con supuestos nuevos talentos adquiridos recientemente.

Así pues, y dadas las previsiones de la evolución de la población mundial, tal parece que lo mejor para nuestra especie está aún por llegar. Muchos nuevos cerebros y manos están ahora presente en la Tierra y todavía están más por venir en las próximas décadas, para sostener e incrementar a un mayor ritmo de avance todo tipo de descubrimientos e inventos.

En esta Semana Santa, en los que conmemoramos lo acontecido hace apenas 1990 años, inmersos en un periodo pantanoso e incierto, sigue habiendo sólidas razones para tener esperanza. Adelante.